Spanish poem
¡Déjeme Admirar El Que Me Admira
by Julio Flórez
¡Déjeme admirar el que me admira, si acaso piensa que hoy, ante tan graves desafueros, las notas de mi lira deben ser como el canto de las aves! Y esto que oyes decirme, no te asombre: Porque, aunque suba a atmósferas serenas, el bardo no es un ángel sino un hombre... Y no hay hombre sin sangre entre las venas. Dios no me dio la lira (eternamente) para cantar a pájaros y flores ni para que me admire o no la gente... Sino para que, al ritmo de mis versos, cantando de mi patria los dolores, quebrante el costillar de los perversos. II El bardo verdadero no es el bardo que, ciego a la maldad y sordo al grito de indignación de un pueblo, aparta el cardo, coge la flor... y calla ante el delito. Cuando yace la Patria envilecida por los que el ruin traidor encumbró al solio, y la casa que ayer fue Capitolio, no es Capitolio ya... sino guarida. Cuando el gran buitre negro se apodera del país... y el oprobio y la mentira van regando sus miasmas por doquiera; debe el poeta —ungido por los Hados— descargar todo el peso de su lira sobre el lomo cerril de los malvados.