Spanish poem
Solos
by Julio Flórez
Estaba el cielo inconsolable. El día gris; a lo lejos, como negro muro, se dibujaba el horizonte oscuro tras de la niebla perezosa y fría. Tiritaban los árboles. La umbría selva su aliento embalsamado y puro desparramaba en el ambiente, al duro golpe del recio vendaval. Llovía... ¡Pálido el sol en el siniestro fondo de hosca nube, mostraba su marchito semblante cadavérico y redondo; mientras que alzando su tremendo grito, copiaba el mar, desenfrenado y hondo, la inmensa lobreguez del infinito!
Sus invisibles alas de tristeza desperezaba en lo insondable; el mundo parecía temblar en lo profundo de aquella singular naturaleza. Tu fragante y undívaga cabeza, en cuyo aroma mi semblante inundo, acariciaba el viento vagabundo al traspasar la frígida maleza. ¿Te acuerdas? ¡Solos! ¡Desde aquella gruta que adorna el liquen y perfuma el monte mientras la sombra su recinto enluta, con las trémulas manos enlazadas mirábamos al lúgubre horizonte borrarse entre las nieblas desgarradas!
¡Ah!... de esa gruta entre la negra boca vibra aún nuestro amor, nuestra ventura presa está allí, y un eco de ternura parece resonar de roca en roca. ¡Los ósculos ardientes que en mi loca y honda explosión de júbilo en tu pura frente imprimí, palpitan en la oscura selva glacial, que mi memoria evoca! Ya por eso el verano con su lumbre jamás me alegra, aunque sus rubias alas llenen los bosques de esplendor eterno, ¡Y hoy solamente hacia la yerta cumbre de un horizonte lívido y sin galas van mis ojos en busca del invierno!