Versos Spanish Leopoldo Lugones El Taller De La Luna

Spanish poem

El Taller De La Luna

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Desde su alta tribuna, En artístico imperio De blancura y de misterio, Trabaja la luna. Con vertical exacta, El álamo esbelto Parece el pilar resuelto De su basílica abstracta. Y los abedules En columnata musicalmente acorde, Estremecen su vértigo al borde De inefables abismos azules. Las masas de luz blanca Van transformándose con arte futuro, Mezcladas a la sombra que se estanca En los follajes como un fluido obscuro. Y es tenebroso pórfido la barranca, Y cantera de mármol cualquier muro. Allá el plenilunio incrusta En nácar de leyenda la obra propia, Ó cincela con serenidad augusta Algún noble alabastro en hábil copia. Trueca el percal de la palurda En increíble tisú de dama fatua, Y hiela con tenacidad absurda Los pies solitarios de la estatua. (La estatua asegura un histórico interés, Con la tranquila firmeza de sus blancos pies). Llena en el huerto la alberca De sombra y de plata; Y un poco más cerca, La fronda inmediata. Esfuma sobre el césped su sombra en vago tizne, Sobre el cual una pieza de ropa, remeda La palpitación de una Leda Abandonada a su cisne. Un leño caduco, Donde extremosa medra La hiedra En alterno verdor con el bejuco, Se torna bajo su pálido estuco En boceto de estatuaria piedra: Junto a una Amistad blanca que nunca reposa, Duerme, haragán y frivolo, un Amorcillo rosa. Y por la parte opuesta es aquel grupo; Que con luz irreal el astro labra. Un inconcluso fauno a quien no cupo En el magro pernil el pie de cabra. La nieve lunar suelda En el fondo del parque soñoliento. Celda sobre celda Con una simetría de convento. Y aquel lúgubre claustro Donde clásicamente puede gemir el austro Y juguetear el duende ameno, Tiene por tema un ángulo de blanca noche, Con el perfil de un carricoche Empinado entre el heno. Así es como la luna artista Despilfarra su peculio, Sin otro éxito a la vista Que el aplauso del vate contertulio; Pues hay un vate fortuito Cuyo estro se aduna Á la obra que la luna Teje como una araña en el infinito. Su magnífico silencio, Se llena de Virgilio y de Terencio; Y su cráneo, negro de hastío, Derrocha una poesía rara, Como un cubo sombrío Que se invierte en agua clara. Con punzante sospecha de adefesio Que desbarata en lírica jerigonza, Equilibra su torpe serventesio Pidiendo a la luna su marmórea onza. Su nocturna cantinela Tiene un leve agraz de mofa, Que desbarata el canon de la escuela Y no logra cabal ninguna estrofa. Es que la fútil luna La construcción de las cuartetas importuna. Por eso el triste vate, Con un arte más alto que el Himalaya, Lima la ya perfecta siempre mal, ¡y malhaya Á la pérfida luna que su éxito combate! Con arte de moza picara La luna para él se encapota. Como si algún algún eclipse echara una gota De café, en su blanca jicara. Y ante aquel desengaño Que sus potencias ofusca, El pobre vate busca Una vara de soga y un castaño... Mas, la luna poetisa, Que a la sublimidad del cénit sube. Ha salido ya de su nube Como una doncella de su camisa. Su desnudez divulga La hermosura secreta Que escocía vilmente alguna pulga; Y el lúgubre poeta Ante esa aparición divina, Bajo la escultura lunar se concreta En un Pierrot blanco de harina. Sobre el lago que agrupa Macilento sauzal en su ribera. Deslizase ligera Una ideal chalupa Que es un poco de luz y de quimera. A poco se advierte, Que aquello es el viaje de la muerte; Y en el viento que sopla El alma nocturna hacia el limbo uniforme, El eco de una copla Extravía un pavor blanco y enorme. Pero ya menos vivida, Y mientras el melódico viento se pone ronco, La luna alarga con histeria lívida En espectro de sombra cada tronco. El estenque en desasosiego, Remueve en sus ondas quedas, Como un lúgubre talego Deslustradas monedas. A través del lóbrego zarzo Que trenza la umbría, Algún rayo amontona todavía Vírgenes bloques de cuarzo. Mas, la tiniebla opresora Convierte la glorieta en hondo cuévano, Donde el arte lunar trabaja ahora En un silencioso ébano. Y bajo un horror de graves hojas, Tras de la luna, con prodigio imprevisto, Su faz asoma un inmenso Jesucristo En el sangriento sudor de sus congojas.