Versos Spanish Leopoldo Lugones Quimera Lunar

Spanish poem

Quimera Lunar

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Apaciguando el gran río Con una gracia enfermiza, La luna espiritualiza Un crepúsculo de estío. Desde el profundo diván Gusta uno su dulce opio, Y se despide algo propio En las velas que se van. Aquel cuarto de pensión Da a un paisaje de suburbio, Que va poniéndose turbio A la par del corazón. La fantasía detalla En el ramaje más tosco, Leves caprichos de kiosco Bajo un cielo de pantalla. Y en la irresoluta luz, Bellos crisantemos dobles. Mecen blanduras de nobles Abanicos de avestruz; Ocurrencia baladí Que concibo, grave y tierno, Hojeando un viejo cuaderno De modas, perdido allí... Una tristeza olvidada Llena el personal recinto Con el afecto distinto De una hermana ya casada. Dolorosamente pura, El alma, de tal manera, Se reduce en su quimera Como una fuente en su hondura. Y ante ese ilusorio abismo. Con inclementes resabios. La clausura de los labios Se amarga de fatalismo. En el rincón inmediato Donde el bufete se esquiva. La sombra meditativa Tiene un silencio de gato. Llega un lejano compás De polka; en el confidente Florece excesivamente Todo un jardín de lampás. En el cristal que atormenta Su heráldica contorsión, Moldea un áureo dragón Mi copa más violenta. Abajo, el ama legisla Su honor de sartén y escoba, Mientras defiende mi alcoba Su soledad, como una isla. Hay tertulia; su rumor Comenta el lujo mediano De la sala; en el piano Recita la hija menor. Mima su pequeño modo Y cecea su falacia Versos de amor, con la gracia De fingir que ignora todo. Muere la tarde estival, Y entre sus dulces fatigas, La charla de las amigas Llega cortada y trivial. Concíbese su semblanza, Trazando bajo las gorras Con remilgos de cotorras Reglas de buena crianza. Entre raudos delantales, Sobre la mesa ya puesta, Anticipará la fiesta Sus brindis en los cristales. Y en tanto ¡qué placidez En mi aislamiento profundo! No hay quietud en este mundo Más dulce que ella, tal vez. En el tiempo transcurrido Silencia cada hora muerta Su lapso, como una puerta Que se ha cerrado sin ruido. Tendiendo sus graves paños, La sombra apaga el reflejo De un melancólico espejo Palidecido de antaños. Y en las joyas cristalinas Del lavabo, un pomo exótico, Promete sutil narcótico De ponzoñas florentinas. Con un leve roce obscuro De sensación indolente, Pasa el sueño por la frente Como un gato sobre un muro. Entonces brotando inciertas En suave resurrección, A la muda habitación Llegan las ternuras muertas. Criaturas del azul Que envuelve un frágil misterio. Tailleur, Luis XV, Imperio... Primores de encaje y tul. Dulcifican más la calma Sus atónitas pupilas Que son las gotas tranquilas En que les desborda el alma. Y sus besos de pasión, Tanto corazón revelan, Que sus labios se modelan En forma de corazón. Tiembla el alma en sus regazos Como un niñito maltrecho Que defiende mal su pecho Cruzando sobre él los brazos. Entre todas hay alguna Tan leve, que es casi nada, Enteramente flotada En ondas de gasa y luna. En lo irreal de su tez Tiene su hermosura hermética Como una noche poética Por luna su palidez. Y percibo que quizás Me revela su presencia Un amor de adolescencia Que no definí jamás. Pero ¿amé acaso? ¿Fui yo Aquel mismo?... Cuánto diera Por averiguar siquiera Si alguna vez existió. Con dolorosa ventura El corazón, a ella unido, Sangra como un fruto herido Que aumenta así su dulzura. Tomándolo menos grave En aquel absurdo amor, El suspiro es al dolor Lo que el vuelo para el ave. ¡Ah, quimeras del azul En vuestro frágil misterio! Tailleur, Luis XV, Imperio... Primores de encaje y tul. Así brota un ideal En los internos jardines, De hojear viejos figurines Una tarde pasional.