Versos Spanish Leopoldo Lugones Sonata Primaveral

Spanish poem

Sonata Primaveral

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Oh amiga que tan dulcemente amparas En tu suave amistad mi hosca fatiga, Purificando con tus manos claras Mi obscuro corazón, oh dulce amiga. Si no puedo decir lo que te amo, Oh mi triste, perdona a mis amores, Y para ser piadosa con las flores No tardes mucho en desatar el ramo. Merece la bondad con que lo asistes Cuando a ti se confía, lastimero, Corazón que, tan sabio en cosas tristes, Sólo sabe decir cómo te quiero... Al amor de la tarde ya más rubia, Que algún suspiro a la pradera arranca, Te ha presentido en tu batista blanca Con un murmullo de ligera lluvia. (Encanto pastoril, jovial secreto Que diluye en contornos más lejanos, La blusa clara, el escarpín coqueto Y la gentil capota con acianos). Así alcanza primicia venturosa De florecer en tu temprana cinta, Al mismo tiempo que la vieja quinta Como un sueño de amor se aclara en rosa. Y una emoción más grave lo estremece, Al llenarlo de ti la primavera, Con ternura tan honda, que parece Que va a llorar — como si no supiera. Cada día que pasa está más cierto De ser más tuyo y de saber que lo amas, Como se ve más cielo entre las ramas Cuando se empieza a deshojar el huerto. (Serenídad azul que predestina A una gracia mejor por más discreta, Como entre la hojarasca de la encina Se complace feliz la violeta). Corrió el año, y la nieve fue su engendro, Y nevó en mí, mas con candor tan leve Y angelical, que de esa misma nieve Mi alma se embelleció como el almendro. Y la sombra llegó, y la tierra en calma Flotó en su seno, como nunca bella, Y yo me iba tranquilo con tu alma Como se va la noche con su estrella. Lejos de la extensión obscurecida, Marchamos ya sin pesadumbre alguna, Y nuestras sombras alargó la luna Sobre un prado ulterior de la otra vida. (Soledad del amor; claro desvelo De rocío y de luz; susurro vago De almas que tiemblan próximas al cielo Como ramas obscuras sobre un lago). Mulló su arena pálida el olvido... Y allá en la orilla azul de la mañana, Nuevamente cantó la alondra ufana, Y el duraznero amaneció florido. Oh amiga que tan suavemente curas El encono, del cardo y de la ortiga, Apaciguando con tus manos puras Mi torvo corazón, oh suave amiga. En la campestre exhalación del heno, Un sabor de buen pan la vida cobra, Y con los ojos que alza de la obra Bebe la fuerza del azul sereno. Hínchase el alma audaz como una vela, El mundo, como un yunque, está sonoro, Y en el campo que al cielo se nivela, La luz deshoja su retama de oro. Tras las huellas azules de tu planta, El deseo se humilla mas huraño; Y como. el mirlo oculto en el castaño, Mi corazón su soledad te canta. Cruzados aires un arrullo agreste, El orbe está magnífico y desierto, Y contigo es la claridad celeste Que te alboroza como a un lirio abierto. Así con esa plácida alegría Que en abismado azul mi ser dilata, Compuse esta sonata, una sonata Simple y cordial: quasi una melodía...

cómo te quiero...

quasi una melodía...