Spanish poem
No os diremos, como al Cid
No os diremos, como al Cid, que en cortes no habéis estado, porque, aunque disimulado, sé que venís de Madrid. Señor don Diego, venid mil veces en hora buena, y aunque os hayan puesto pena, haced del palacio plaza, si no os ha puesto mordaza la que os puso en su cadena.
Decidnos, señor, de aquellas flores y luces divinas, en palacio clavellinas y en el firmamento estrellas; ángeles que plumas bellas baten en sus jerarquías, donde son buenos los días, pero las noches son malas, porque al coger de las alas sienten las plumas muy frías.
Galantísimo señor, deste cielo, la primera sea el Puerto, y la carrera de las Indias del amor, el más hermoso, el mejor extremeño serafín que dio a España Medellín. ¡Dichosa la tierra que besa el cristal de su pie en la plata del chapín!
Allí donde entre alhelíes Guadïana se dilata, la pluma peinó de plata con el pico de rubíes esta de tantos neblíes garza real perseguida, ya que en sus flores le anida el Tajo glorioso el vuelo, que en puntas corona el cielo de ave tan esclarecida.
Si la gloria de Chacón de la cabeza a los pies azúcar y almendras es, dulce será el corazón. Néctar sus palabras son; mas sepa quien no lo sabe que, de agudas flechas grave, en sus palabras, Cupido, como abeja, está escondido, en el panal más süave.
A la bellísima Cerda, para el arco que da enojos, saetas pide a sus ojos y a su apellido la cuerda, el niño dios, por que pierda la libertad y el juicio quien se lo da en sacrificio. ¡Venturoso el ermitaño que trajese todo el año destas cerdas el cilicio!
Mucho tiene de admirable la deidad de Monterrey, pues al mismo Amor da ley por lo bello y por lo afable; cuando dulcemente hable, cuando dulcemente mire, ¿quién habrá que no suspire? Cuando corone su frente de los rayos del oriente, ¿quién habrá que no se admire?
De la beldad de las Navas, dice Amor que, cuando mira, dorados arpones tira más que tiene en sus aljabas; las dos, pues, reales pavas de la Coruña y Belmar muy bien pueden coronar el palacio con sus plumas, que obscurecen las espumas del uno y del otro mar.
Aquella belleza rara que adora el Ebro por diosa, sol es de Villahermosa, hermosísimo de cara; aurora luciente y clara deste sol aragonés, si no naciera después, fuera su hermana divina, mas si no es luna menina, estrella de Venus es.
De la que nació en el mar las veneras cunas son, y su hijo en el blasón nos las hace venerar; de aquel Fénix singular, honor de los Pimenteles, buscad, amantes fïeles, entre estas conchas la perla, si dejan sus ojos verla, que son caribes crüeles.
Decidme de aquella dama gloria del nombre de Ulloa, que, pues la Invidia la loa, no es bien la calle la Fama; cuarta Gracia Amor la llama en el palacio real, y a fe que no dice mal el dios que hiela y abrasa, que el título de su casa y las Gracias, todo es sal.
La extranjera soberana que en las montañas no solo, mas en cuanto pisa Apolo no la desvió Dïana, oh venturosa alemana que privas a cualquier hora con la casta cazadora: ¡dichoso el que en ti aventura el logro de tu hermosura y el favor de tu señora!
Aquel resplandor rosado de la luz que al mundo viene, aunque es Alvarado, tiene más de alba que de Alvarado; no amanece, y da cuidado a los dulces ruiseñores, que esperan entre las flores saludar al rayo nuevo del lucidísimo Febo que ha de dorar los alcores.
Al Mondego dio cristal, si de oro al Tajo no arena, doña Beatriz de Villena, trofeo de Portugal; y a la que no tiene igual en hermosura y saber, gloria, majestad y ser de los Osorios de Astorga, Amor dice que le otorga sus armas y su poder.
Puesta en el brinco pequeño de Altamira la mira alta, hallaréis que él solo esmalta cuantas joyas os enseño; crecerá, y quitará el sueño a la beldad y a la gala; en el balcón y la sala prestará rayos al sol, sin que haya ángel español que no venza ala por ala.
Las blancas tocas, señor, no perdono de la guarda, mayor sí, pero gallarda tanto como la menor; santo y venerable honor de mi patria y de su estado, mas pastora de un ganado que está convidando al lobo, yo sé decir, aunque bobo, que a Argos diera cuidado.