Spanish poem
Un Viaje Audaz
Frente al gran Ocaso lento me hice todo pensamiento y un capricho extraño tuve: en el esquife de argento de una nube, embarquéme a la conquista de un ensueño tenue y vago. —El crepúsculo era un lago de amatista.— Y partí nimbo a la flava isla, donde lisonjera y amorosa me esperaba la Quimera. Ví a lo lejos lirios, rosas, en florestas de ideal, y ciudades milagrosas de cristal. Ví un alcázar escarlata, y un jardín de pedrería y una negra cabalgata que corría. Ví plomizas catedrales, grises torres, áureos domos, y calados de vitrales policromos. Ví en la testa de un endriago una rútila guirnalda. —El crepúsculo era un lago de esmeralda.—
Y bogué, bogué... Mi esquife, hecho de argentino encaje, sorteaba el arrecife del celaje. Ví una nube con un mago de fantástica silueta. —El crepúsculo era un lago de violeta.— ¡Qué horizonte tan profundo, tan joyante, tan sedeño! ¡Qué ansiedad la de ir al mundo del ensueño!... Yo iba en éxtasis, absorto de seguir la blanca huella que en la nube dejó el orto de una estrella.
Pero la isla nacarada de repente se hizo obscura y fué niebla salpicada de blancura. Y mi esquife era disforme barca negra en la extensión alargándose en enorme nubarrón. ¿Cuánto tiempo mi esperanza bogó en esa triste nave? No lo sé... La lontananza no lo sabe.
Volví solo y sin amparo; no halló nada mi delirio. Al regreso, como un faro, me guió Sirio. ¡Mentiroso firmamento! La Quimera, ¿dónde está? —Más allá—me dijo el viento—; ¡más allá! Y grité desesperado: —¿Dónde te alzas, Eldorado en que el alma busca asilo? ¡Y la noche era un callado mar tranquilo!
Buenos Aires, junio 1918.