Spanish poem
Mentira El ¡Más Allá! ¡Mentira El Alma
by Manuel Acuña
Mentira el ¡más allá! ¡Mentira el alma Que el retroceso impuro Hace nacer llenando lo futuro, Del triste cementerio entre la calma! ¡Engaño esa creación que el fanatismo Hace brotar del último lamento Que nos lleva al abismo! ¡Mentira ese ad terrorem que el convento Lanza á la humanidad mezquina y necia Que, oyendo á la razón y al pensamiento No abarca esa mentira y la desprecia! El hombre es sólo el hombre, Pobre criatura de miseria y lodo, Que sueña, que delira, y que en la fosa Mira rodar con su existencia todo; Pobre ser que termina la jornada Con el eco de su último latido, Para volver en sombra convertido A su punto de origen, a la nada. Es un astro-misterio que atraviesa La curva de la vida, y se derrumba Al concluir la carrera de ese cielo Que en el Oriente de la cuna empieza Y acaba en el Ocaso de la tumba; Molécula que, oculta entre la gasa De la noche, sin ruta y sin destino, Como una exhalación flébil y escasa, Nace, se mece y pasa Sin dejar una huella en su camino, Y que a veces llegándose valiente Hasta el sol de la gloria, Se enciende en él y vuela, Pero dejando entonces, donde acaba, El germen de otra luz sobre la estela. Luz inmortalidad con que deliran El sabio y el artista y el guerrero En medio de esos éxtasis soberanos Que son la hora suprema En que el genio prepara con sus manos, Para ceñir sus frentes la diadema; Hora en que el hombre alcanza, Por el zodiaco de la fe y del arte, Llegar hasta el zenit de su esperanza Para robarle el rayo que algún día Sobre su pobre lápida mortuoria, Caiga a encender, sublime de poesía, La antorcha fulgurante de la gloria. Luz inmortalidad con que soñaban Sonriendo de placer en su delirio, El mártir libertad en el cadalso Y el espectro conciencia en el martirio; Fulgor que, en la conquista Del saber y el talento, se levanta Descorriendo grandioso ante la vista, El soñado horizonte de una tierra Donde bendita y mágica se encierra La tierra prometida del artista, Esplendor auroral que era el ensueño Consolador y grato en su pobreza Del actor inspirado, Que aún ayer se encontraba circundado Con la aureola del genio en la cabeza; Del audaz fingidor que ayer hacía Sollozar o reír bajo este techo, Y que hoy, cadáver, duerme De un pedazo de tierra sobre el lecho. Cayó... sobre su tumba Gime el arte, y la patria inconsolada Con sus hermosos besos maternales Deposita una lágrima adorada, En tanto que la fama, que abandona De la muerte en los antros funerarios Al despojo... y al hombre, Vuela augusta a escribir en sus santuarios Las letras de su nombre. . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Muerto, reposa en paz! y si en la fiebre De tu ambición y tu querer fecundo Soñaste con un mundo más risueño Que este pequeño y miserable mundo; Si astro que cruza la extensión vacía Soñaste con dejar escrita en ella Algo como la luz que en ti vivía Para hacerte inmortal con esa huella, Tu sueño está cumplido... tus cenizas Ya no son más que escoria; Pero el azul radioso de tu patria Cuenta con otra luz, la luz de tu memoria Los hombres como tú, jamás perecen Al tocar los umbrales De la obscura región de lo ignorado; Los hombres como tú, mueren y crecen Con la figura inmensa de granito Que de pie y majestuosa se levanta De entre el polvo impalpable que la planta Envuelve al resbalar en lo infinito. Para ti no hay sepulcro, que el reflejo De tu luz poderosa Te basta en la caída, Para seguir viviendo en otra vida, No en la estrechez de tu escondida fosa... Tú como el astro hermoso de la aurora Que rueda en el ocaso, Dejando como huella de su paso La luna brilladora, Caíste en el abismo, Nítido sol de mexicano cielo: Pero dejando al terminar el vuelo, La luna de ti mismo. Sacerdote titánico del arte. Envuélvete sonriendo en la mortaja Que te arropa en la huesa... Donde tu cuerpo mísero reposa Y se alza el pedestal de tu grandeza. ¡Adiós, muerto sublime! ¡Sublime y noble atleta del proscenio! Descansa en paz mientras tu patria gime Sobre el recuerdo que tu gloria abona, Y mientras teje en su santuario el genio, Para rodear tu nombre, una corona. ¡más allá!
ad terrorem
a la nada.