Versos Spanish Manuel Acuña Oblación

Spanish poem

Oblación

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Cuando la aurora enciende las montañas, Y el águila que duerme Se siente acariciada por sus besos, El águila se agita entre las rocas De su salvaje y solitario nido, Tiende la vista al cielo, Dominio de su empuje soberano, Y desatando el poderoso vuelo Cruza la selva, el llano, Del llano se levanta hasta las cumbres Que la extensión coronan, Y allí, fuerte y robusta, En pie sobre la nieve y el granito, Se alza de nuevo y sube hasta que incrusta Sus formas de gigante en lo infinito. Cuando el sol de la gloria, Surtiendo en el espacio inteligencia Baña a un niño en su luz, el niño se alza Sobre el desierto obscuro de la vida; Y guiado por la fe que en su conciencia Lleva como una lámpara encendida, Desterrado del cielo sobre el mundo Y entreviendo su patria A través de la bruma de su ensueño, Se lanza de su ensueño por la vía, Dejando al confundirse con la nada, De su carrera de astros como huellas, Las letras de su nombre, Que son como las mágicas estrellas Que brillan al crepúsculo del hombre. Letras que al proyectar sobre la tumba Sus luces inmortales, Son la más grande historia Que pudiera grabar en sus anales La virgen soberana de la gloria. En la cuna de aquellos Que hoy tienen nuestras almas por santuario, Y por incienso el de las rosas blancas Que nacen en los bordes del osario, También surgió con su fulgor de aurora La chispa de la idea, también ellos Sintieron palpitar sobre su frente Los ósculos de ese ángel que en la noche Baja a inspirar sus sueños al creyente... Sueños blandos y dulces, como todos Los que su ánfora encierra, Y que al fundirse con el hombre, lo hacen La encarnación de Dios sobre la tierra. El ideal de sus almas, el que en ellos Infiltraba la luz de sus caricias, Era el amor bajo la doble forma Del espacio y del mundo, Del mundo, en la expresión de sus dolores Marcados por la faz de un moribundo, Y del espacio, como la hostia blanca En donde oculta su divina esencia Ese Cristo del pobre y del que sufre, Que se llama la ciencia. Y esa fue su visión, esa la doble Senda en que dividieron el camino, Señalado en su afán supremo y noble Por la sonrisa de ángel del destino; Esa la ardiente cima en que se alzaron Pensadores y apóstoles a un tiempo, Buscando la verdad mientras vertían La miel de sus virtuosos corazones... Iguales a esas nubes que se lanzan Tras la huella del sol por el vacio, Derramando a la vez sobre la tierra Las caricias de amor de su rocío. Y así fueron, en tanto que la vida Latió bajo sus cráneos: Fe y corazón, estrellas y perfumes; Sublime dualidad de un alma misma Que en distinta región alzando el vuelo, Arriba, era la forma de la idea, ¡Y abajo, era la forma del consuelo! Así fueron... constante sacrificio Sobre el altar del bien, mártires prontos A morir por sus creencias en el ara De la impiadada suerte: Grupo de caridad que aparecía Fiel en cumplir su augusto pensamiento Donde quiera que hallaba un sufrimiento, ¡O el buitre de la muerte se mecía!... Y cuando llenos de ese santo orgullo Que la virtud derrama en la conciencia, Tocaban ya la cumbre brilladora De su visión querida, ¡La vida los dejó!... pero las frases Que al dolor arrancaron con su muerte, Fueron bajo el destello sacrosanto Que irradiaba al fulgor de su memoria, Las primeras estrofas de ese canto Que hoy los arrulla en su mansión de gloria. Allí duermen, y allí como un perfume Se alzan las bendiciones por la noche, Flores del corazón que agradecidas Bajo el ojo de Dios abren su broche: Allí duermen, y allí los que en el mundo Les dijimos hermanos, Depositando la oblación sencilla De nuestro amor, hacemos de sus nombres El grito de entusiasmo que en la lucha Dará al cobarde animación y brío; Y del radioso albor de su recuerdo Un astro suspendido en el vacío, Que será en los instantes de la prueba, Cuando el cansancio nuestra frente amague, La antorcha sideral en donde el alma Encenderá su fe cuando se apague.