Versos Spanish Manuel Acuña Pueblo: Tú Que Prorrumpes En Gigantes

Spanish poem

Pueblo: Tú Que Prorrumpes En Gigantes

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Pueblo: tú que prorrumpes en gigantes Himnos de admiración y de entusiasmo Ante el arte y lo bello; Tú, de cuya alma toma La vestal de la gloria y de la fama Fuego para encender a su destello De una lámpara mística la llama; Tú, que eres soñador y eres artista, Lo mismo entre la paz que entre la lucha, Prepara una guirnalda de tus flores Más queridas y... escucha. Era una cuna, un lecho entretejido De gasas y jazmines... Pequeño, vaporoso, recogido... Una forma de nido Como esos que se ven en los jardines. Y en ese nido, columpiado al aire Con el vaivén arrullador del viento, Era una niña hermosa que soñaba Como yo no sé qué blanco pensamiento; Una niña inocente que dormía Entre los chales de su tibia cuna, Con una de esas hadas misteriosas Que ñngen las tinieblas y la luna Entre el húmedo cáliz de las rosas; Virgen de amor, en cuya casta frente El sol de lo inmortal resplandecía Majestuoso y ardiente, Con su rayo de luz grabando en ella Esa chispa radiosa que, más tarde, Ante el sepulcro abierto se alza estrella Y en la vía láctea de los genios arde. Y la noche era negra, era una noche Que flotaba impalpable como un velo Prendido en las montañas, Sin la luz de un zig-zag entre las sombras Ni la luz de un cocuyo entre las cañas; Negro y basto ropaje Que cobijaba al átomo del mundo Como al grano de arena el oleaje, Quedando aquella niña en el vacío De las tinieblas, escondida y sola, Como queda la gota de rocío Cuando cierra la brisa una corola... Mas de pronto la curva de los cielos Recogió su gigante vestidura, Y libre de los pálidos fantasmas, Que rodaban informes en la altura, El aire se cubrió de resplandores Que se acercaron tibios y temblantes, Circuyendo la frente de la niña Como un laurel inmenso de diamantes; Y entonces una voz, cuya candencia Sonaba arrulladora Como el canto de amores da la virgen, Se oyó que repetía En su dulce cascada de gorgeos: —Duérmete, vida mía, Gozando con la luz y la poesía De la región que pueblan tus deseos... Duérmete, flor del arte, A la que el beso de las auras mece... Duérmete... y cuando venga a despertarte La voz de tu destino, Yo, el ángel de tu cuna, Regaré de perfumes y de galas La áspera cumbre que tu genio adora, Y adonde tienden las inmensas alas Tu ambición y tu fe de soñadora. Dijo la voz: y la corona ardiente Ensanchando su cerco luminoso De estrellas inmortales, Se perdió en los lejanos horizontes, Mezclada con el fuego de la aurora Que asomaba su luz tras de los montes. Después, aquella niña Despertó de su mágico letargo, Y emprendiendo el camino De la jornada que a la gloria lleva Entre el dolor y el desaliento amargo, El mundo la miró sobre el proscenio Arrancando un laurel a su destino Y esculpiendo su busto peregrino Sobre el augusto pedestal de genio. Blanca y tierna paloma Que hasta el templo del arte alzó las alas Para robar al arte sus secretos, Descendiendo después sonriente y bella Entre el aplauso universal del mundo Lleno de amor y admiración por ella. Por ella, que eres tú, la que hoy recoges El ideal de tus sueños infantiles Entre el incienso embriagador del triunfo... Por ti que haces salir entusiasmado El corazón del pueblo que hoy arranca La cadencia más dulce y más sentida Del arpa de su gloria, Para arrojarla con su flor más blanca Sobre el gigante altar de tu victoria. Por ella, que eres tú, la más querida Esperanza de México, la virgen A quien el porvenir desde la cuna Prometiera su espléndida guirnalda, Y que hoy viene, al rumor de las conquistas Que tu celeste inspiración abona, A ceñir a tu frente esa corona Que hace iguales a Dios y a los artistas.