Spanish poem
Eusebio Blasco y el Gil Blas
by Manuel del Palacio (1831–1906)
Todos éramos jóvenes, él era casi niño, aragonés y rubio, delgado y enfermizo. Inquieto de carácter y al par alegre y vivo, los chistes en su boca brotaban a porrillo; siendo en él, el ingenio muy superior al juicio, cosa en que otros mayores también nos distinguimos. ¡Qué redacción aquella! siempre el petate listo para ir al Saladero ó para andar a tiros. En casa y en la calle cercados por esbirros, y habiéndonos a veces de tú con los Ministros. Y pese a las denuncias las multas y los líos, Rivera tan afable, tan culto Federico, Roberto tan idólatra de clérigos y obispos, y Blasco tan contento y Juan y yo lo mismo. Aquel era entusiasmo, y aquello eran peligros, y censurar sin tregua lo humano y lo divino. Hoy del sagrado fuego quedan sólo residuos, y dos viejos vestales del templo derruido que a recordar sus glorias se juntan en el Suizo. Allí, Eusebio, se suele llorar por los amigos que logran el descanso tras batallar prolijo: allí con el recuerdo renuévase el cariño, y yo, que todavía culto al pasado rindo, yo, que fui en gratas horas de tu niñez testigo, al lamentar tu ausencia por ti y por mí suspiro; ¡que eran tus años pocos al lado de los míos!