Spanish poem
Al Viejo Primate, Las Nubes De Incienso
Al viejo primate, las nubes de incienso; al héroe, los himnos; a Dios, el inmenso de bosques y mares solemne rumor; al púgil que vence, la copa murrina; al mártir, las palmas; y a ti —la heroína— las hojas de acanto y el trébol en flor. Hay versos de oro y hay notas de plata; mas busco, señora, la estrofa escarlata que sea toda sangre, la estrofa oriental: y húmedas, vivas, calientes y rojas, a mí se me tienden las trémulas hojas que en gráciles redes columpia el rosal. ¡Brotad, nuevas flores! ¡Surgid a la vida! ¡Despliega tus alas, gardenia entumida! ¡Botones, abríos! ¡Oh mirtos, arded! ¡Lucid, amapolas, los ricos briales! ¡Exúberas rosas, los pérsicos chales de sedas joyantes al aire tended! ¿Oís un murmullo que, débil, remeda el frote friolento de cauda de seda en mármoles tersos o limpio marfil? ¿Oís?...¡Es la savia fecunda que asciende, que hincha los tallos y rompe y enciende los rojos capullos del príncipe Abril! ¡Oh noble señora! La tierra te canta el salmo de vida, y a ti se levanta el germen despierto y el núbil botón, el lirio gallardo de cáliz erecto, y fúlgido, leve, vibrando, el insecto que rasga impaciente su blanda prisión. La casta azucena, cual tímida monja, inciensa tus aras; la dalia se esponja como ave impaciente que quiere volar; y astuta, prendiendo su encaje a la piedra, en corvos festones circunda la yedra, celosa y constante, señora, tu altar. El chorro del agua con ímpetu rudo, en alto su acero, brillante y desnudo, bruñido su casco, rizado el airón, y el iris por banda, buscándote salta cual joven amante que brinca a la alta velada cornisa de abierto balcón. Venid a la fronda que os brinda hospedaje ¡oh pájaros raudos de rico plumaje! Los nidos aguardan: ¡venid y cantad! Cantad a la alondra que dijo al guerrero el alba anunciando: ¡Desnuda tu acero, despierta a los tuyos... Es hora... Marchad!