Spanish poem
Las Montañas Épicas
Cuando clarea o ya cuando atardece, se destacan informes a lo lejos cual una sombra azul, que a los reflejos del crepúsculo gris se desvanece. Mas su contorno gigantesco crece festonado por árboles añejos que se erizan cual ásperos cadejos, cuando el día triunfante resplandece. Y en la noche, los áridos peñascos, las vértebras enormes del coloso, sus empinados riscos y crestones, semejan, en bosquejo tremebundo, el esqueleto rígido y monstruoso de un muerto sol pesando sobre el mundo.
Contempladas de cerca, repentino asombro se apodera de la mente y en los nervios y músculos se siente circular el pavor de lo divino. No el blando helecho ni el robusto encino predominan en la áspera vertiente, ni fulgura en las cumbres castamente la blanca nieve del paisaje andino. Sus arrugas de piedra, sus picachos donde el hierro incrustóse en rojas vetas y plantó el jaramago sus penachos, aparecen cual hachas formidables, titánicos puñales y saetas, lanzas ingentes y ciclópeos sables.
¿Por qué muestra tan épica figura esa enorme cadena de montañas? Sus formas terroríficas y extrañas sólo Dios modeló, no la ventura. Bajo su prodigiosa arquitectura se guarecen palacios y cabañas, fructifican los trigos y las cañas y el abundoso manantial murmura. Y allá, sobre las cumbres de granito, las águilas indianas siempre alertas, bajo el dosel azul del infinito guardando están de nuestro honor las puertas, al ultraje cerradas y al delito, a la esperanza y al amor abiertas.