Versos Spanish Manuel María Flores Tarde Serena

Spanish poem

Tarde Serena

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Esta vida ¿es don del cielo que debemos bendecir? ¿o venimos a este suelo para llorar y morir? ¡Don del cielo! ¿Por qué no? Alzo mi frente y contemplo que el universo, es un templo que el Creador se levantó. ¡Es tan azul el espacio, el aire tan transparente, lleva la tarde en su frente tantas gasas de topacio! El horizonte dilata su franja azul a lo lejos, azul como los espejos del golfo que lo retrata. Blancos penachos de espuma agita la mar sonora, y la onda se tuerce y llora bajo su manto de bruma. Allá por el valle umbrío, como una cinta de acero, pasa ligero, ligero, sonando, apenas, el río.. Y llevando en el cristal escamado de sus olas las deshojadas corolas de las flores del juncal. Todo en el bosque es aromas, todo solemnes murmullos, y músicas y arrullos de brisas y de palomas. Y se va apagando, el día, y va suspirando el viento, y se llena el pensamiento con la imagen de María. ¡Qué dicha la de sentir dulce, profunda, secreta, una pasión de poeta imposible de decir! Pasión a un tiempo nacida al cambiar una mirada, como ninguna sentida, como ninguna premiada. ¡Qué dicha la de soñar en este mísero suelo con una virgen del cielo y junto a ella despertar! Y en voluptuoso sopor, en su regazo, adormido, oír el suave latido que está murmurando Amor. ¡Amor! Palabra divina. Parece que de improviso al pronunciarla nos abre sus puertas el Paraíso, si quien la sueña delira, si quien la balbuce canta, si quien la dice levanta una nota que suspira con música más suave que el sonido de la lira o que los trinos del ave. Hay en ella sentimiento, hay en ella, bendición, no se que vago acento de tristeza y de pasión, que hace vibrar conmovidas las fibras más escondidas del ardiente corazón. La vida, esta rapidez que nos arrastra en la tierra, este minuto que encierra niñez, juventud, vejez: ¿cómo puede ser bastante a la expansión infinita que para su amor gigante el corazón necesita? ¡Qué...! ¿Lo eterno en un instante? ¿Lo inmenso en lo que es pequeño? ¿En la muerte lo inmortal? ¿La realidad en un sueño? ¿El cielo en lo terrenal? ¡Oh! yo quisiera, quisiera que en la espuma de las olas, que en la ráfaga ligera del olor de las corolas, que en las alas de la nube, que en las del cóndor sereno que cerca los astros sube, que en las del rápido trueno se perdiera el alma mía... para sentir la grandeza de embriagarme en la poesía de la gran Naturaleza; y así, como en un abrazo ideal, sublime y bendito, abarcar la creación en el amor infinito que llevo en mi corazón.