Spanish poem
El ruiseñor y el calesero
Con toda la expresión de su dulzura un Ruiseñor cantaba su amor y su ternura, a tiempo cabalmente que pasaba por la calle vecina un calesero, que despreciando tan divino canto, corrió a escuchar a un loro majadero, no por que hiciese más, ni aun otro tanto sino porque sin gracia, ni destreza, como quiera decía: “Chapín de la condesa”. El Ruiseñor al ver su melodía por una patarata despreciada, le grita: “No perdono: usted no tiene orejas, camarada”. Debió gritar el ave con mal tono; porque el buen calesero avergonzado pudo apenas decir: “no señorito, el buen gusto mis amos me han formado: De la Nina y su amor se les da un pito: pero el teatro elevan a los cielos, y hay bravos y palmadas a porfía, cuando hay encantador, diablos y vuelos”. Vaya que el calesero lo entendía.