Versos Spanish Miguel Antonio Caro Sánchez ¡Bolívar! No Fascina

Spanish poem

¡Bolívar! No Fascina

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¡Bolívar! no fascina a tu escultor la Musa que te adora Sobre el collado que a Junín domina donde estragos fulmina tu diestra, de los incas vengadora. No le turba la fama, alada pregonera, que tu gloria del mundo por los ámbitos derrama, y doquier te proclama genio de la venganza y la victoria. Él no supo el camino por do el carro lanzaste de la guerra, que del Orinoco al Potosí argentino impetuoso vino temblar haciendo en derredor la tierra. Ni sordos tambores oyó, ni en las abiertas capitales entrar vio tus banderas tricolores bajo lluvia de flores y al estruendo de músicas marciales. Ni a sus ojos te ofreces cuando nuevo Reinaldo, a ti te olvidas, y el hechizante filtro hasta las heces bebiendo te adormeces del Rímac en las márgenes floridas. No en raptos de heroísmo, no en vértigo de triunfos y esplendores admiró tu grandeza. El a ti mismo te buscó en el abismo de recónditas luchas y dolores. Te vio, si adolescente, ya en el silencio de la gran rüina que Roma encierra, apacentar tu mente, la soñadora frente doblada al peso de misión divina; Retando a las Españas de América inflamar el seno inerte con grito que conmueve las montañas; solo, en playas extrañas o entre escombros hundido, engrandecerte; Y puesto el pensamiento allí donde visión mortal no alcanza, Nuevo Colón en pérfido elemento, con profético aliento avivar en tinieblas la esperanza. Con mano compasiva (No bien a la Fortuna has hecho esclava) Restituir su libertad nativa a una raza cautiva Y a la prole infeliz que amamantaba; O llevar de un segundo palante el corazón al templo santo, mientras responde a tu dolor profundo con eco gemebundo fiel muchedumbre derramando llanto; O en la región del hielo, del Chimborazo hollar la cumbre cana, y contemplar allí del tiempo el vuelo, la inmensidad del cielo, la pequeñez de la grandeza humana. Vio el dolor que se ceba en ti, a la hora en que el Eterno dijo: «Quiérole ya purificar con nueva y terrífica prueba». Colombia entonces te negó por hijo; Y envidia vil desflora, con rabioso azotar, la ínclita rama con que piadosa Gratitud decora tu frente creadora que el honor de los Césares desama! Ya el obcecado hermano el arma revolvió contra tu pecho, y en el confín postrero colombiano te brinda hidalgo hispano si patria te faltó, su honrado techo. A ese asilo postrero, del piélago mezclándose al bramido O al lejano clamor del marinero, ¿Qué acento lastimero fúnebre vuela a golpear tu oído? ¿Qué asolación augura la voz doliente que en los aires gira? De negra ingratitud víctima pura, en hórrida espesura, ¡Cielos! el Héroe de Ayacucho expira. En tan solemnes días, por la orilla del mar, los pasos lentos, y cruzados los brazos cual solías hondas melancolías exhalabas a veces en lamentos. Ora pasara un ave, ya hender vieses el líquido elemento sin dejar rastro en él, velera nave, murmurabas: «¿Quién sabe si aré en la mar y edifiqué en el viento?». En sordos aquilones oías como lúgubres señales: «¿Si caerán sobre mí las maldiciones de cien generaciones? ¡Ay, desgraciado autor de tantos males!». Brotar la alevosía viste, y a empuje de discordia brava bambolear la Libertad. Gemía Colombia en agonía; tu espíritu radioso declinaba. El noble estatüario apartando fulgentes aureolas, de dudas en tu pecho solitario vio aquel tumulto vario: ¡Vio el hondo abismo, las amargas olas!... Callando respondiste a la íntima efusión con que él te nombra cuando en fijar tu semejanza insiste, y hermosa, pero triste, Apareció tu venerable sombra, Con ese aspecto, y esa melancólica nube de tu ceño que desengaño y abandono expresa, descendiste a la Huesa, y aún te acompaña en el eterno sueño. Inclinando tu espada tu brazo triunfador parece inerme; terciado el grave manto; la mirada en el suelo clavada; mustia en tus labios la elocuencia duerme. Mágico a par de Dante Tenerani tu vasto pensamiento renovó, concentró, y a tu semblante dio majestad cambiante, y a tu austero callar múltiple acento. No tremendo, no adusto revives; del fragor de la pelea descansas ya... Mas tutelar, augusto, doquier se alce tu busto, con plácida elación se enseñorea; Y en tu serena altura mártir perdonas, y recibes culto sublime en tu dolor sin amargura, de lisonja perjura libre por siempre, y de cobarde insulto. Y tu nombre en su vuelo más que el de antiguos semidioses crece en tu edad misma y en tu propio suelo; ¡Y tu historia sin velo las grandezas que fueron obscurece! El divinal aliento, que anima a la materia y transfigura; nobilísimo humano sentimiento; final recogimiento; cuanto a el alma enaltece o la depura, En mística amalgama, cual vago nimbo de tu excelsa frente, no imitación, veneración reclama: el que Padre te aclama, mezcla de orgullo y de vergüenza siente. ¡Libertador! Delante de esa efigie de bronce nadie pudo pasar, sin que a otra esfera se levante, y te llore, y te cante, con pasmo religioso, en himno mudo.