Versos Spanish Miguel Antonio Caro Sánchez ¿Quién De Mi Fantasía

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¿Quién De Mi Fantasía

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¿Quién de mi fantasía De aquella blanca aparición del cielo La imagen pura disipar podría? Todavía la miro Durmiente peregrina; todavía Oigo el tierno suspiro De su apenado corazón. Sus ojos En nueva luz se encienden, Y por cuello y espalda los manojos De su cabello undívagos descienden. Pálida y lenta y sola, Coronada de mística aureola, Alma parece que purgado hubiera Humanas culpas en ceniza obscura, Y restaurada alzándose, anduviera El camino buscando de la altura. ¡Cuánto peligro, oh! ¡cuánta Amenaza de muerte la rodea! No ve cuál del molino cerca gira Veloz la rueda? ¿Y el desván no mira? ¿Y cómo, ¡ay Dios! al asentar la planta, La viga blandeándose flaquea?... ¡Dormid, tímidos ecos veladores! Céfiros que vagando Removéis a los sauces lloradores La hojosa copa con estruendo blando. ¡El vuelo suspended!... ¡callad, pastores! ¡No robes tus antorchas; nada inquiete Tu paz y tu silencio, noche umbría! ¡Naturaleza a la beldad respete Que el sueño, no ya el crimen, extravía! ¡Ah! ¡la bondad divina pudo sola Salvar su vida de peligro tanto! Ese mirar profundo No es humano mirar; esa apostura Revela origen celestial, y al alma Secreto infunde y delicioso espanto. ¡Oh, cuán sentido canto Del labio exhala en imponente calma! ¡Qué acentos vibradores! ¡Qué honesto y dulce suspirar amores! Ved cuál tímida besa La última ofrenda del ingrato Elvino, Y en dulces voces su amargura expresa: «¡Prenda de amor, en tanto que el destino Lo quiso! ¡oh don del que me afrenta y amo, Don inocente, florecido ramo! Recibe de mi labio esta sincera Afectuosa expresión... ¿Quién me dijera Que un soplo iba a robarte la frescura! Símbolo al fin de la fortuna mía, Pues las que verdes cultivaba un día, Hoy mustias esperanzas atesoro!...» Dice; se apaga su canora queja, Y en las hojas marchitas caer deja Trémulas gotas de doliente lloro. Así la dulce tórtola inocente Orillas de arroyuelo transparente Con blanda voz los ecos enamora; Mientras tal vez de envenenada flecha, Emblema de traidora Calumnia, armado el cazador acecha; Y el arco tiendo, y rápido silbando El dardo por los aires, va derecho Del ave inerme a ensangrentar el pecho. Siéntese herida la infeliz, y alzando Lánguido el vuelo, débil bate el ala, Y tras largo penar, en la sombrosa Haya, al caer la tarde, se reposa, Y sola su postrer lamento exhala. ¡Numen de la armonía! ¡Hermano de la santa Poesía! ¡Tú que a Arïon en medio al iracundo Mar dictaste grandísonos acentos, Y a Orfeo diste encadenar los vientos Y triunfante salir de lo profundo! Si del suelo ausentándose las ninfas Que gozan de tus cándidos favores, De luceros por siempre se coronan, ¿A esta por qué desamparada hoy dejas En la patria del hombre? ¡Oye sus quejas, Hijas del alma que su mal pregonan! Otra mansión distinta A su mente furtivo el sueño pinta, Y a su pesar, del lecho la arrebata, Como en demanda de la patria suya. ¡Ven, cércala de blanca nube y leve Que a otra región a dispertar la lleve, Que a otro campo, a otro sol la restituya! Mas ¿dónde, enajenada fantasía, Vuelas así a perderte?... ¿Y todo es ido? ¿Y aquellas horas de placer y encanto Fueron vana ficción? Ficción ha sido De amor el llanto, que de amor la llama Aún no su tierno corazón inflama. Pero esa voz que el ánimo enajena, Rica, flexible, de emociones llena, Preludio de celeste melodía, No es ilusión, ni el virginal agrado Del rostro peregrino Tiernamente tal vez ruborizado, Su honesta risa y su mirar divino. ¡Oh joven de atractivos coronada! Benigna, generosa, Convierte la mirada Al homenaje que en tu honor tributa Sincera admiración respetuosa. Tú de huéspeda en hija te tornaste De la aromosa América, que asombra Tu sien con lauro y su deidad te nombra. Sigue por el sendero Que las Gracias y Apolo te preparan: Con amenas o espléndidas ficciones, Ninfa inocente, embelleciendo sigue En la callada noche nuestros días Que bastarda ambición, rudas pasiones, Impiedad y discordias acibaran. Sigue, y estima cual mejor victoria Que avasallar la gloria, No dejar en las zarzas del sendero Reliquias tristes del candor primero. Sigue entre aplausos y brillantes flores Que tus admiradores Derraman a tus plantas. ¡Bella si ríes, bella si suspiras, Eres el ángel del pudor si miras, Eres la diosa del amor si cantas!

«¡Prenda de amor, en tanto que el destino Lo quiso! ¡oh don del que me afrenta y amo, Don inocente, florecido ramo! Recibe de mi labio esta sincera Afectuosa expresión... ¿Quién me dijera Que un soplo iba a robarte la frescura! Símbolo al fin de la fortuna mía, Pues las que verdes cultivaba un día, Hoy mustias esperanzas atesoro!...»