Spanish poem
Virgilio en América
¡No! No es tu madre, pérfido, una diosa; Ni tus padres de Dárdano manaron: Del Cáucaso en la entraña cavernosa Entre sus duros riscos te engendraron, Las tigres de la Hircania pavorosa A sus pechos, cruel, te amamantaron; Ya, ¿por qué disimulo? ¿por qué tardo? ¿A qué mayores males ya me aguardo? ¿Por ventura gimió por mi gemido? ¿Tornó á verme la vista vacilante? ¿Le vi llorar con lágrimas vencido? ¿Sintió piedad de su infeliz amante? ¿Qué más he de decir? ¡Y han consentido Juno así y Jove á la maldad triunfante! ¿Dónde hallaré piedad, dónde consuelo? Ya no hay fe ni en la tierra ni en el cielo! Desnudo te lanzó la mar, é inerte Sobre mis playas te acogí rendida: Partí loca contigo reino y suerte; Tu flota reparé rota y perdida: Yo liberté á los tuyos de la muerte; Y ¡ay de mí! (¡que ardo en furias encendida!)
Hoy Apolo... el oráculo te guía: Un mensajero Júpiter te envía. ¡Por cierto! á eso los dioses atendiendo Están... ¿ese cuidado los agita? Yo no sé lo que has dicho ... ni te entiendo, Mas respuesta ninguna necesita. ¡Ve, marcha á Italia! Por el mar horrendo Ese tu nuevo reino solicita. Yo espero (si piedad hay en el cielo) Que los escollos vengarán mi duelo. A Dido entonces llamarás turbado; Yo en negros fuegos seguiréte ausente; Y cuando el alma deje el cuerpo helado, Sombra doquier, te aterraré presente: Tu pena entonces sufrirás, malvado, Y hasta en el centro del Averno ardiente Yo lo oiré, y á mis manos la noticia La misma fama llevará propicia.
«—Dido abandonada Con tea hermosa aterrará tu mente»,
«Yo en negros fuegos seguiréte ausente».
Pero yo, ¿dónde voy? ¿Cómo pretendo Con llanto débil ablandar la peña De que es formado el corazón de un monstruo? Mis lágrimas ¿qué valen?... nada ... aumentan El triunfo del malvado, y engreído, Contempla mi dolor y lo desprecia. ¿Se le oye algún suspiro? ¿Algún sollozo Interrumpe su hablar? Quiere que crea Que lo violenta un dios; como si fuesen Los dioses como Dido, que no piensan En nada más que en él; como si un hombre, Un hombre solo interesar pudiera A los que en lo alto de su gloria miran Como nada los cielos y la tierra. ¡Un dios!... ¡Blasfemo!... Parte, parte, inicuo; La ambición es tu dios: te llama, vuela
Donde ella te arrebata, mientras Dido Morirá de dolor: sí, pero tiembla, Tiembla cuando en el mar el rayo, el viento, Y los escollos que mi costa cercan, Y amotinadas las bramantes olas, En venganza de Dido se conmuevan. Me llamarás entonces, pero entonces Morirás desoído.....................
Al hombre urgiendo, la escasez le educa, Y el trabajo tenaz todo lo allana. Ceres, sabia maestra, á los mortales El seno de la tierra á abrir indujo Cuando faltaron en las sacras selvas Bellotas y madroños, y Dodona El sustento habitual negó cansada. Creció en esmeros el cultivo, en cuanto Funesta á las espigas la impía nubla Y hórrido á los sembrados sobrevino El torpe cardo. Y ya la mies fallece: Que la áspera maleza en torno crece, Y el abrojo la invade y el espino; Oprimen ya el espléndido sembrado Triste cizaña, estériles avenas. Tú, pues, como afanado
Las gramas no persigas Con incansable rastro; si no alejas Con ruidos las aves enemigas; Si hiriendo ociosas ramas, El asombrado campo no despejas, Ni con voto eficaz la pluvia llamas, ¡Triste! con sesgos ojos de vecina Heredad mirarás la parva enhiesta, Y tu hambre en la floresta Aliviará la sacudida encina.
Heu! magnum alterius frustra spectabis acervum, Concussaque famem in silvis solabere quercui
No menos diligencia A la elección de los caballos debes. Tú, desde tierna edad á los que fíes El incremento de la raza, aplica Laboriosa atención. El potro nuevo De estirpe generosa, Gallardo ya campea. Y en noble porte y numerosos pasos Las blandas coyunturas ejercita: Toma la delantera en el camino, A la crespa corriente vado tienta, A puente ignoto avánzase el primero, Ni de estrépitos vanos se intimida. La cerviz tiene erguida, Aguda la cabeza, el vientre breve, Grupa redonda, el pecho Con músculos soberbios que le abultan. Noble es el rucio azul, noble el castaño, De blancos y melados desconfío. ¡Con qué ingénito brío El pisador lozano Sale del puesto y sosegar no sabe Si armas de lejos resonar ha oído! Las orejas aguza, se estremece, El encendido aliento Por la abierta nariz bramando arroja;
El cabello sacude aborrascado, Le esparce al diestro lado; Y doble mueve la dorsal espina, Y recios cascos sobre el suelo asienta Que batido á compás hueco retumba. Sofrenado de Pólux Amícleo Tal Cílaro soberbio braveaba, La copia de trotones Que Marte unció, tal era; tales fueron, Ya de griegos poetas celebrados, Los del caro veloz del grande Aquiles; Y Saturno agilísimo la hermosa Crin derramando sobre el cuello equino, Así también, al asomar su esposa, Hirió, rápido huyendo, El alto Pelion con relincho agudo. Al que así contemplaste Animoso corcel, cuando agobiado Por las enfermedades, ó vencido Le vieres de la edad, ponle á cubierto, Y da á su honrada senitud descanso. Para enlaces de Venus Frío el caballo viejo, afán estéril Apura en ellos, y tal vez se llega A la amorosa lid, se enciende en vano, Cual sin fuerza en la paja un alto fuego. Observa de antemano Los bríos y la edad de cada potro, Su raza y vocación discierne luego; Mira si causa en él y en qué manera, La ignominia dolor, celo la gloria. ¿No has visto cuando en rápida carrera Parten de la barrera A cubrir el palenque émulos carros?
Mancebos en la faz muestran bizarros El ansia de vencer, mientras el pecho La duda palpitante les devora, Con retorcido látigo aguijando, Tendido el cuerpo van, suelta la brida; En férvido volar arden las ruedas; Y ora se inclinan, y ora Parecen remontarse arrebatados En vuelo aéreo á superior esfera. No hay descanso, no hay paz. La arena roja En nubes se levanta: Fogoso al delantero el de atrás moja Con la espuma que arroja; ¡Tanto es el pundonor, la ambición tanta!