Spanish poem
Fue Al Cruzar Una Tarde Un Lugarejo
Fue al cruzar una tarde un lugarejo entre polvo tendido en la llanada, a la hora de sopor que, a la campiña la congestión vital hunde y aplana, cuando dormita bajo el sol que pesa infiltrando modorra en sus entrañas. Al oír resonar dentro en la calle los cascos del caballo, alzó la cara y dos ojos profundos me miraron cual del seno de una isla solitaria. Fue mirar de reposo y de tristeza, todo un pasado en él se revelaba; desde olvidado islote parecía el adiós silencioso que se manda, el silencioso adiós al pasajero que cruza el mar de largo en su fragata para hundirse allá lejos, donde besan al cielo, en el confín, remotas aguas. Seguí yo mi sendero, pensativo, en mi pecho llevando su mirada, aquellos negros ojos tras los cuales misterios dolorosos vislumbrara. La pobre niña del lugar oscuro sólo pedía... lo que quieran darla, por amor del Amor una limosna, abrazo espiritual a la distancia. Fue un instante brevísimo, un relámpago que llevó a vivo toque nuestras almas; fue un alzamiento del oscuro seno en que reposan las profundas aguas a que la luz no llega de la mente, fue un empuje del alma de nuestra alma, la que durmiendo en nuestro vivo lecho, de sí misma ignorante, en paz descansa. Tal debió ser, porque al sentir en vivo de aquellos ojos la tenaz mirada, repentina inmersión en el océano sentí, en que se me anega la esperanza. Fue al cruzar una tarde un lugarejo entre polvo tendido en la llanada, a la hora de sopor que a la campiña la congestión vital hunde y aplana, cuando dormita bajo el sol que llueve infiltrando modorra en sus entrañas. Han corrido los días desde entonces y prendido en mi pecho su mirada y empieza a florecer y a dar sus frutos y a mi espíritu todo lo embalsama. Y como en huerto de convento guardo de ojos profanos esta tierna planta, y doy sus frutos y no sabe el mundo que dichoso dolor me los arranca.