Versos Spanish Miguel de Unamuno Para El Hogar

Spanish poem

Para El Hogar

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Llegué empapado en agua de tormenta; el mar bramando por sus miles de olas buscaba presa y allá arriba el cielo fruncía hosco su frente de soberano. Me hizo sentar junto a la llama viva de una hoguera, atizola cuidadoso y en silencio, arrimó luego a la llama el casco renegrido de una olla rota. El pábulo del fuego no era leña de bosque, no sangraba como suele sangrar la leña lágrimas de jugo cuando le escarba el fuego por las entrañas. Eran tablas, maderas que sirvieron a los hombres; en ellas al quemarse señales se veían de algún clavo y el clavo mismo a veces que se encendía. Y allí cerca, en oscuro camarote guardaba el solitario de la costa viejas tablas, maderos carcomidos, por los revueltos mares, con dejo humano. Cogió un tablón con restos de pintura y echolo al fuego, que subió de pronto al sentir del aceite que aún vivía deshacerse en su seno la dulce lágrima. Y a la luz de la hoguera embravecida pude leer que la tabla agonizante que su calor nos daba, en blancas letras decía en fondo negro: «Firme Esperanza». Interrogué a mi huésped con los ojos, me comprendió y rompiendo su mutismo «Son los restos &mdasshme dijo&mdassh de naufragios que el mar en sus tormentas echa a la playa». Y al fuego me acerqué mientra el madero me daba su calor, y pensativo vi sobre él, extenuado y moribundo, crispándose las manos al pobre náufrago. Sobre él luchó, penó y oró aterido, sobre él, muerto de sed, bebió el océano con la mirada, viendo remolona acercarse la Muerte; sobre él muriose. Un trozo de timón ardió enseguida, y el leño que guió a la pobre barca por los revueltos mares, en pavesas fue pronto a calentarme del fuego pasto. Y vi cómo las olas al navío tragaban, de las llamas contemplando el ardoroso abrazo en que moría del timón confidente lo que duraba. Así, pensé, se queman los recuerdos al calentarnos en las noches tristes, cuando empapado el corazón en agua de tempestad del mundo, tiembla de frío. Así, con pobres restos de naufragios encendemos hogueras en las costas, y a sus llamas soñamos melancólicos del mundo la tragedia que no se acaba. Y el mar no cesa, su cantar prosigue, devora nuestras vidas y a la orilla lanzando destrozados sus despojos nos dice consolándonos: «¡encendeos con ellos el hogar!»