Versos Spanish Miguel Hernández Poemas sueltos, IV:5

Spanish poem

Poemas sueltos, IV:5

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Tu famosa, tu mínima impotencia desparramar intento sin detener el paso ni un instante. Para lo tal, me apeo en mi paciencia, pulso un acordeón llorón de viento y socarrón de voz, y ya es bastante.

Tu cornicabreada decrepitud purgente exige estos reparos de escritura, y con ellos ayudo a someterse, no al manicomio, al tonticomio oscuro que tu idiotez, sin mezcla de locura, pide hasta que la muerte venga a sacar tu vida de este apuro.

Llevas el corazón con cuello duro, residuo de una momia milenaria, concurso de idiotas, que necesitas la alabanza diaria, y descosido en la alabanza explotas.

Cocodrilito pequeñito, ñito, lagartija de astucia, mezquina, subterránea, con el rabo marchito, y la mirada alcantarilla sucia.

Tarántula diabética y escuálida, forúnculo político y gramático, repúblico de triste mierda inválida, oráculo, sarcófago enigmático.

Demócrata de dientes para fuera, altares solicita tu zapato. No hagas más reflexiones de topo y madriguera en tu conejeril rincón de mentecato.

Humo soberbio, sapo que te hinches cuando oyes un piropo: disuélvete en berrinches, resuélvete, desaparece, topo.

España no precisa tu vaciedad de calabaza neta, tu mezquindad que duele y que da risa, tu vejez inconcreta, venenosa, indecisa.

No te toca la sangre de los trabajadores, sus muertes no salpican tu chaleco, no te duelen sus ansias ni su lucha: tu tiniebla trafica con sus puros fulgores, su clamor no halla en ti ni voz ni eco, tu vanidad su mismo ruido escucha como un sótano seco.

Hay ojos que derraman raíces amorosas, sobre tus ojos tienes uñas que a hacerse dueñas de las cosas avanzan por tus sienes.

Necesitan incienso e incensario tu secundaria vida, tu corazón de espino secundario, tu soberbia de zarza consumida.

Sobre tu pedestal o tu peana, monumento de oficio, cuando tu salvación está cercana quieres llevar un pueblo al precipicio.

Te rebuznó en el parto tu madre, y más valiera a España que jamás te rebuznara con esa cara de escobilla fiera, de vieja zorra avara.

No llevarás mi pueblo a la derrota, dictador fracasado, rey confuso, y caerás por la punta de una bota sobre tus flacos días puesta en uso.

28 de febrero de 1937, en Valencia.