Versos Spanish Bartolomé Mitre Olmedo

Spanish poem

Olmedo

by (1821–1906)

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Blanca flor que embalsamas mi existencia De tus perfumes con la grata esencia; Música cuya suave melodía Estremece de amor el alma mía; Rayo de luz que caes sobre mi frente Disipando las sombras de la mente; Lágrima de los ojos desprendida Del serafin que guarda nuestra vida; Linfa donde apagué mi sed ardiente. Como el viagero en agua trasparente; Pichon que bajo el ala adormecido Desafias las lluvias en tu nido; Hija mia, entre sueños virginales, Envuelta por los brazos maternales, Y en esa fuente del materno seno Bebe un raudal que de virtudes lleno En cada gota verterá en tu mente De nobles pensamientos la simiente, Que dormirán hasta que en torvo ceño El tiempo venga á perturbar el sueño; Y puros sentimientos, ángel mio, Que jerminando cual la flor de estio, Derramarán en tu alma ese perfume Que la virtud de la niñez asume; Y beberás un bálsamo del cielo Para espresar dolores en el suelo, Para exhalar mil gotas cristalinas Como su aroma blancas clavelinas: Porque el llanto es la flor que brota hermosa En el alma sensible y candorosa, Y el rostro donde nunca ha resbalado Es arenal que el cielo no ha regado. Asi cual de la espléndida natura El llanto es la espresion de la criatura: El cielo llora gotas de rocio En las serenas noches del estio, Y al ausentarse, lánguida la aurora Entre luces y sombras tambien llora: Pero todo desciende suavemente De la misericordia á el ancha frente: Fertiliza el rocío los eriales, Y el aurora los lirios virginales, Y caen las dulces lágrimas del niño En un seno purísimo de armiño. Y mas tarde entre manos cariñosas Que se ahuecan sensibles y piadosas, Cual urna sencillísima de cobre Donde se guarda el óbolo del pobre. Oh tú, que de tu vida en la mañana Te meces en el valle tan lozana: Que sea tu cabeza bendecida Sobre la dura almohada de la vida; Que recorras tu plácida alborada Por angélicas voces arrullada; Que el viento de la dicha infle tu vela Mientras la luna del placer riela; Y que si acaso un dia, negro velo Míras estender sobre tu cielo, Veas llegar á tu arca placentera La paloma de dichas mensagera Para anunciarte en tu hombro reclinada: «La tempestad se vé ya apaciguada, «La luz del sol de nuevo te ilumina «Y las flores esmaltan la colina; «Tersa se vé la frente de tu rio «Y no hay en él ni un áspero bajío: «Mucho vagaste niña por los mares: «Al fin reposarás entre tus lares, «En la ribera nítida y risueña «Que allá en el horizonte se diseña, «Do encallará tu barca suavemente «Como del manso arroyo la corriente.» Ora, hija mia, lejos de huracanes Duerme agena de míseros afanes Mientras tu madre tu cabeza pura Bautiza con sus gotas de ternura, Las que tu padre enjuga blandamente Al deponer un ósculo en tu frente, Dejando en esas lágrimas escrita Una dulce palabra:—«¡Eres bendita!»

Iris de paz y ventura, Sueño de toda mi vida, Que naciste para mí Como el sol tras noche fria! ¡Ah! cuando tus bellos ojos Entreabriste adormecida Sentí que en esa mirada Me llenabas de delicias; Como el ciego que cobrando Loco de gozo la vista Quiere abrazar á la luz Pensando que lo acaricia. Si tú entendieras mis sueños, Mis esperanzas perdidas, En esos labios de rosa Con besos te contaría Que antes de venir al mundo En mi mente eras nacida... ¡Oh, si tú me comprendieras Cuántas cosas te diria! Entonces supieras tú Que era muy triste mi vida, Antes de ver á tu madre Que la convirtió en delicias; Entonces fué que la llama Brotó de tibias cenizas, Entonces fué que mi pecho De nuevo se abrió á la dicha, Y desde entonces serenos Se deslizaron mis dias, Entre esperanzas risueñas Que el futuro embellecian, Y gratas conversaciones Llenas de amor y alegría Que terminaban diciendo: «¡Ah, no tener una hija!»

Oh, cuantas veces paseando. En una tarde tranquila, Al sentarnos cavilosos Del ancho mar á la orilla Con el baston, en la arena Mil caractéres ponia: Ya una palabra aislada Signo de melancolía; Ya una linea caprichosa Cual la idea fugitiva: Ya una letra mutilada Cual del infeliz la vida. Y sin pensar de repente, Si estas lineas recorria Encontraba escrito en ellas: «¡Ay, no tener una hija!»

Muchas veces junto al fuego En las noches invernizas Cruzaban breves las horas Mirando al fuego que ardia, Siguiendo su oscilacion Y viendo brotar sus chispas, Que en sus fantásticos giros Todo el hogar recorrian, Hasta caer soñolientas Entre pálidas cenizas; Y entonces en los carbones Que á trecho en trecho lucian, Como dos ojos ardientes Sobre frente encanecida, Nos parecia leer: «¡Oh, no tener una hija!»

Naciste tú, y has colmado La copa de nuestra dicha: Ya no en fantásticos sueños Nuestra mente se fatiga: Fijos delante tu rostro Con nuestra vista en tu vista, Bebemos miel deliciosa En tu inefable sonrisa; Y pensamos en tu suerte Cuando vengan otros dias, Cuando corazon y mente Con doble peso te aflijan, Haciendo inclinar tu frente Como una rosa marchita; Cuando á los piés de tu cama Colocada de rodillas Alabes á tu Criador En tus plegarias de niña; Cuando pidas á tus padres Que amorosos te bendigan, Dándote un beso en la frente Para ir á dormir tranquila; Cuando indagues cavilosa En mi frente encanecida Los hondos surcos que marquen El tránsito de la vida; Cuando recorran tus ojos Estas paternales líneas, Que si eres feliz leerás Con angélica sonrisa, Y si sufres, se verán Por tu llanto humedecidas; Cuando en un mar proceloso Pueda servirte de guia, Llevándote ángel hermoso Hasta el puerto de la dicha, Como te llevo en mis brazos Hasta la cuna tranquila.

Abre esos ojos azules Do la ternura se anida, Oye mis tiernas palabras Y luego duerme, hija mia.

¿Vés de tu madre la húmeda pupila Que fija en tí, cual mágica sibila Parece que interroga el porvenir? Si, le interroga, y pide que el destino Matizando de flores tu camino Embalsame de dichas tu vivir.

Hoy que yaces envuelta en la inocencia Y no puede abarcar tu inteligencia Lo que es la maternal contemplacion. Entenderás la voz del sentimiento Que inoculada en mi amoroso aliento Descenderá á tu puro corazon.

No te señalaré de las estrellas Ni el claro sol, las rutilantes huellas, Para elevar tu mente al Hacedor: No obligaré á que dobles la rodilla Al que arrojó en el mundo la semilla Del árbol que se eleva á su Criador.

No te diré si el vicio desbocado, Cual torrente del monte desatado, Quiere hacer las virtudes zozobrar; Oh, no sabrás si alzada la cabeza Enarbola bandera la impureza De la familia en el derruido altar.

Nunca tu padre manchará tu frente, Donde brilla la luz del inocente Como en los rios nubes de zafir; Por mostrarte la crápula del vicio, Jamas te acercaré del precipicio Que vértigo derrama en el vivir.

Me inclinaré sobre tu boca pura Y te daré consejos de ternura En el ignoto idioma del amor; Y mis palabras bajarán á tu alma Cual en noches de estío, en grata calma Se inocula el rocío entre la flor.

Inefables consejos ignorados, Sin traduccion, como ecos tribulados Del aura de la noche en el jardin; Nadie entiende sus quejas doloridas Pero al nacer la aurora, entretegidas Se ven brotar do quier rosas sin fin.

Nadie comprenderá ahora mi acento: Mas llegará, hija mia, algun momento Que se verán las rosas jerminar, Y alzando ufanas sus cabezas rojas El viento murmurando entre sus hojas Se bañará en lo que hizo fecundar.

Algun dia serás lozana rosa Cuando mi frente pálida y rugosa Se incline en tu perfume á refrescar; Cuando el labio marchito de dolores Quiera gozar el aura de las flores Sintiéndote, ángel bello, respirar.

Dios te colme de santas bendiciones Apretando los duros eslabones Que separan del vicio á la virtud, Y tierna madre, enamorada esposa, Mire brotar pimpollos de mi rosa Para aliviar mi ingrata senectud.

El genio de la paz y la armonía Cubriendo tu cabeza noche y dia Te guarde del aliento del dolor; Y el ángel puedas ser de tu familia Que en las eternas noches de vigilia Dés amparo á las prendas de tu amor.

Y de los niños fiados á tus manos Salgan fuertes y buenos ciudadanos Formados en el halda maternal, Donde aprendan á odiar la tiranía Y á combatir con ínclita porfía Por los santos principios de igualdad.

¡Oh, la mision de la mujer es santa! Ella la flor de las virtudes planta Del niño en el fecundo corazon, Y cuando vé á la patria que agoniza Desprende de su seno á el ancha liza De patriotas audaz generacion.

Así en Mayo nacieron los campeones Que rompieron los duros eslabones Que nos forjó la torpe iniquidad, Y con la leche encima de los labios, Fuertes guerreros, gobernantes sabios Contempló con asombro aquella edad.

Y hoy en la lucha santa que emprendimos Niños sobre la arena descendimos Para arrimar el hombro al patrio altar, Y al darnos nuestra madre abrazo estrecho Nos pone sollozando sobre el pecho Los colores de Salta y Tucuman.

De la virtud modesta de los lares Guarda el fuego sagrado en tus altares, De la familia cándida vestal; Que ese fuego que el casto hogar calienta Es la luz que nos guia en la tormenta De la vida, cual místico fanal.