Spanish poem
La Mejor Copla
En el descanso de una jornada, que si fue dura, si fue sangrienta, por ha Victoria fue coronada, junta a la hoguera que los calienta, enardecidos y decidores con fe en la vida y alma contenta, varios soldados cantan amores, como quien quiere buscando flores borrar el daño de la tormenta. Harto seguro de su donaire, toca uno de ellos una guitarra, y una garganta que se desgarra lanza esta copla, que roba el aire: La heridita que me han hecho es chiquitita y es roja: ¡bendiga Dios esta herida, que me recuerda tu boca! Con recios gritos y ¡oles! ardientes al que ha cantado premia el cornillo: porque la copla lleva a las frentes, en su lenguaje puro y sencillo la imagen viva de las ausentes cuyo retrato guarda el hatillo. Y aun no repuestos los campeones de esta alegría que en sentimiento tiene anegados los corazones cuando quejosa como un lamento de ha vihuela siempre a los sones, salta otra copla que roba el viento: Aquel base de mi madre me dio miedo de la guerra, y en la guerra soy valiente por devolvérselo a ella ¡Amor de madre! Rico tesoro que late dentro de las entrañas, como en el centro de las montañas oculto el oro: al evocarte con voz dolida, sienten los héroes como encendida sobre su rostro la intensa huella de aquellos besos de despedida que da tan sólo la boca de ella. En algún pecho brota un sollozo; algunos ojos anubla el llanto; y al advertirlo sagaz el mozo de las cantares, por el quebranto volver en gozo, para la patria tiene este canto: Que cuál patria era su patria le preguntaron a Dios, y sin pararse a pensarlo, Él dijo que era español. Estallan risas frescas y locas de honda alegría; gritan a un tiempo todas las bocas, y amortiguando la algarabía con su apostura serena y pía, pasa una virgen de blancas tocas. Lleva en sus ojos, dulces y bellos, por el insomnio martirizados de amor cristiano dulces destellos; lleva sus dedos ensangrentados, porque amorosos tocaron ellos en las heridas de los soldados. ¡Amor de todos! Este as su emblema, éste es su norte y éste su aliento, y amando a todos viva el poema de la ternura y el sufrimiento. La mira el mozo, su ardor extrema, y con el alma puesta en su acento, canta esta copla, que luego el viento lleva a más alta región suprema: La caridad no pregunta ni las nombres ni las tierras: como la mar llama al río, el llanto la llama a ella. Canto de penas del mundo entero, por generoso, por lastimero, conmueve a todos... Noble y augusta sigue la hermana por el sendero. Y otro muchacho dice al coplero con voz velada, pero robusta: —Tengo una patria por la que muero, tengo una novia que es un lucero, tengo una madre cristiana y justa, y, sin embargo, mi compañero,. ése es el canto que yo prefiero, ¡ésa es la copla que más me gusta!