Spanish poem
El juramento
by Quintiliano Sánchez (1848–1925)
Indica hermosa del Antisana, virgen del claro, lindo raudal, a ti gacela, tarde y mañana, remedio pido para mi mal.
¿Padeces? Duro pesar me aqueja, tengo en el pecho yo no se qué: cabritos, vaca, pacos, oveja, todo, cuitado, todo dejé.
Y ahora vengo montes y valles doquier llenando con mi gemir; tedio a la aldea, tedio a sus calles tengo, y al bosque pláceme huir.
Allí, al arrullo de las torcaces mezclo sentido mi yaraví; y ellas me dicen: «Hualpo, ¿qué te haces siempre llorando? ¡Pobre de ti!».
Hasta del Ande las rudas peñas pueden mis ayes enternecer... Breves pasasteis, horas risueñas, y ya me siento desfallecer.
¡Ay pobrecillo! (cómo suspira; a mi alma mueve la compasión). ¡Hualpo!, recobra tu ánimo y mira cómo te abates, fuerte varón.
Fiero te he visto con la turpuna bando enemigo desbaratar; y ahora ¡vergüenza!, que una por una lágrimas tuyas vea brotar.
-Cora hechicera, cúlpame en vano, cuando está enfermo mi corazón; tócale, trae tu blanda mano, ¿oyes?, se agita, tienes razón.
¡Qué mal, oh Cora! Mal repentino; lánguida miro, Hualpo, tu faz. -Mal que me mata, mal que me vino para quitarme mi dulce paz.
Pluguiera al Inti padre amoroso, que ya en la tola durmiese, y ¡oh! antes que... ¡Triste! ¿tu mal odioso podría acaso curarte yo?
Tú solo puedes, púdica Cora, júrame hacerlo. -Tengo temor. -¿Callas? -Lo juro: dímelo ahora. ¿Qué mal? -Morirme por ti de amor.