Spanish poem
En Parte Alguna Existe, Ignoro En Dónde
by Rafael Pombo
En parte alguna existe, ignoro en dónde, Pero es cierto que existe el deseado, El amor más que humano, y aun conozco Mártires de su credo y victimarios. Hay quien oyó su voz, muchos le han visto, Muchos lo adivinaron. Al encuentro De cada cual sale una vez, sólo una, De la existencia en la veloz jornada, Tímido acaso y en palabras mudo, Pero elocuente en lágrimas y acciones. Mas esa vez no amamos. Nuestro afecto Es ¡ay! el eco fúnebre y tardío De algún adiós, de una mirada triste Al través de los años y los mares; La tentación de un imposible, el ansia De lo que debió ser y hoy ser no puede, La cruel revelación de un desengaño. La atroz sonrisa de un remordimiento, La rosa de una tumba... ¡Amor correspondido! flor bendita De fragancia inmortal ¿por qué tan sólo Brotas con nuestras lágrimas, y medras Eq la desolación y el abandono Como la viuda flor de las ruinas, ¡Ah! cuando ya no puede acariciarte La mano de tu dueño ni a su arrullo Extática exhalar fragancia y vida! ¿Serás más bien la música doliente Del corazón, que sólo desgarrando Penetra en otro corazón? ¿Dos voces Que su dulce reclamo iban diciendo Cantándose una misma melodía, Y que templadas para unirse, nunca Las juntó en su regazo aura del mundo? Tal vez oímos, sí, más no escuchamos, Entre el tráfago estéril de la vida, Aquel acento fraternal, que entonces Cual la acerada punta en la pelea No se dejó sentir, aunque a lo hondo Supo hacer por sí solo su camino, Cesó el bullicio en derredor, ya el alma Pudo oírse a sí misma, y hacia dentro Tornó a mirar, y sorprendida, y tarde, Las entrañas halló despedazadas. ¡Amor! ¡único amor! ¡amor solemne! ¡El perdido, el llorado, el que los ojos Apenas entrevieron, como un súbito Relámpago veloz del paraíso! Dime, ¡oh amor! ¿no eres bastante puro, Bastante delicado, y noble, y digno Si no te acrisolamos reverentes Con fuego de dolor y amargo llanto? ¿Tu gloria es sólo cruz, o hay todavía Un Satanás funesto, inexorable En cada paraíso de la tierra? ¡Ah! lo comprendo, sí, no eres del mundo, Vedada poma de inmortal semilla, Tú no regalarás mortales bocas, Oh celeste ambrosía destilada Para labios de arcángeles! Si en una De aquellas tardes dulcemente tristes, Misteriosas, augustas, que parecen Víspera de otro mundo; en esa hora De perfume en la flor, y del suspiro E involuntaria lágrima en el hombre; Vagando acaso, inciertas, distraídas Por el grandioso templo de natura, Dos almas, dos hermanas, dos gemelas Que en secreta ansiedad se iban buscando, Hállanse al fin, y con mirada extraña Se truecan, se penetran y hasta el fondo Todo su ser leyeron, y en tranquila Ara campestre de inocentes goces Su fraternal predilección sellaron; Apartáronse pronto sin decirse Adiós tal vez, acaso sin hablarse, Como si destrozar, ¡oh amor! temieran Tu santo talismán; como aterradas De ser felices en el mundo. Empero Su tímida entrevista cariñosa Fue apenas una cita; que otro día En campos siempre en flor, siempre serenos Podrán volverte a ver, palparte, asirte En abrazo sin fin, ¡oh sueño hermoso! ¡Desvelador, perseguidor, constante! ¡Tú que haces la desdicha de la tierra, Oh amor! ¿no harás la dicha de los cielos? Harasla, sí, no pueden engañarme Una fe tan ardiente, una esperanza Tan pertinaz, ni sed tan insaciable. Aquí te merecemos, en lo alto Nuestra avidez te alcanzará. Tú eres La estrella inaccesible, excelsa virgen De inviolable pureza que en la noche Temprana de la vida a humanos ojos Del cielo enseñas el perdido rumbo. ¡Dulce natura! ¡hermosa madre mía! ¡Oh amiga siempre fiel y siempre dulce Del sensible cantor! si en tu regazo Hube mis esponsales silenciosos Ven a arrullar piadosa mi esperanza De que en el seno del Eterno un día Cantaré nuestras nupcias inmortales. ¡Lira de amor cordada con mis fibras, Templada con mis llamas y mis lágrimas! ¡Vibra ese fuego al viento, parta, vuele A donde vive mi alma y si allí encuentra Algo de corazón, fúndalo en llanto! Mas ¡ah! no es tiempo, es demasiado pronto O es demasiado tarde. Arpa doliente, Ensaya entonces preludiar los himnos Que oirá del otro lado de la tumba, Cólmame allá ¡bendito Dios! la copa Del verdadero amor, aunque en la tierra Colmes sólo de lágrimas mis ojos. Viendo tu cielo azul, tu milagrosa Resurrección primaveral y oyendo Hervir en viva música de amores El aire delicioso, y a mis plantas Latir amante el corazón del mundo... En tanto, ¡oh Dios! que están secando el mío Desamor, soledad, tedio insondable.