Spanish poem
La Pareja Humana
by Rafael Pombo
La humana felicidad Es un misterio armonioso, Acaso tan prodigioso Como el de la Trinidad; Misterio en cuya verdad Uno es dos, y dos son uno, Y uno solo (aunque importuno Parezca decirlo) es cero Cero a la izquierda o soltero Que es lo mismo que ninguno. Voz de dos letras, que al ir Solas nada significan; Júntanse, y todo lo explican, Nada dejan por decir. Que al fin amarse es sentir, Vivir, gozar, padecer; Y cuando al Supremo Ser Olvida estúpido el hombre, Le enseña otra vez su nombre El ojo de una mujer. Letra girada por Dios Contra el ángel del consuelo Por un instante de cielo Que hace al hombre semidiós. Fírmala y rástrala en dos Y échala al mundo humanada: La mitad no vale nada: Pero se buscan, se ven, Se tocan, casan y amén. No hay que hablar: está pagada. Me explico así en homenaje Al mundo y tiempo en que estoy, Y porque Apolo no es hoy Igfnorante en agiotaje, Ni hace a Mercurio el ultraje De llamar su oficio innoble, Cuando al contrario es tan noble Que el mismo amor inmortal Le enseñó la sin igual, La insigne partida doble. Formado ya el universo Quiso Dios el sexto día Coronar como debía Templo tan vasto y diverso, Y una obra en prosa y en verso Y en dos tomos trabajó: Hombre en un tomo inscribió; Mujer rotuló el segundo; Y amor y dicha del mundo La obra completa llamó. Con pasta bien diferente Los entregó encuadernados, Y fuimos desmejorados Notabilísimamente; De grosero se resiente El material masculino; Y así del taller divino Salió Adán cual cerdoespín: Fuerte, áspero, tosco en fin, Empastado en pergamino. ¿Mas la mujer? bien se ve Que ya el Autor Soberano Era más diestro de mano Y superfino el con qué, Pues de la cabeza al pie Su ser deslumbrante apura El non plus ultra en figura, Líneas, tinte y material, Y con razón el mortal Diole por nombre hermosura. A no ser que Dios prescinda De ser infalible, creo Que al hombre adrede hizo feo Por hacerla a ella más linda; Y porque jamás nos rinda De la envidia el frenesí, Nos dijo el Señor: «aquí El obsequiado no es ella: Tú eres feo y ella es bella, Pero, amigo, es para ti. »De la tierra en el vergel Ella es fuente y tú eres roca; Tú la regalada boca Y ella tu panal de miel; Tú el rudo tronco en que fiel La pasionaria bendita Viene a enlazarse y desquita De tu sostén el favor, Con su fragancia de amor Y donosura exquisita. »Sin la roca, ¡pobre fuente! Sorbiola el rojo arenal O se tornó en cenagal Su limpidez transparente. Sin aquel panal viviente, Ávida boca, ay de ti; Y ay de ti, flor carmesí, Sin ese árbol en que al viento Te cuelgas del firmamento Para coronarte allí». Si en dos tomos nos envía Su obra maestra el Gran Maestro, El tomo de prosa es nuestro, Y es ella la poesía. Nosotros la fuerza impía, La ambición, la audacia loca; Ella, cuanto al alma toca Y alza a la divinidad; Y aquella debilidad Que al rey más fuerte derroca. Un volumen suelto es cosa Absurda, insípida y triste, Y sólo un santo resiste Lectura tan fastidiosa: Eso no es verso, ni es prosa Ni es alma, ni es corazón; Mas juntadlos: a la unión El mismo Dios se vislumbra, Eva sonríe y se alumbra La segunda creación. He aquí el último ejemplar Del libro de amor gemelo. Editor, la voz del Cielo; Publicado, en el altar: Permita Dios que a ese par Nunca enfade su lectura, Ni errata, ni enmendatura Manche el sagrado papel, Y que cada folio dél Diga: AMOR, PAZ y VENTURA,
cero
Hombre
Mujer
amor y dicha del mundo
non plus ultra
hermosura.