Versos Spanish Rafael Pombo Los Que Dejando A España La Romántica

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Los Que Dejando A España La Romántica

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Los que dejando a España la romántica O el mundo tropical encantador, Donde la vida es un banquete opíparo Que abre naturaleza a su Señor; Los que al pagar un mudo adiós de lágrimas Al monte azul que visteis al nacer, Enviáis en alas de la brisa un último Voto de eterno amor a una mujer; Si de la lengua el balbuciente oráculo Queréis que no lo burle el corazón, ¡Ah! cuidad bien que la temblante brújula No os encamine hacia esta gran nación. Que no sólo en la frente altiva y clásica De las leonas que la España cría Dios puso a la beldad el sello fúlgido Que del varón demanda idolatría. No sólo un Guayas humedece límpido Un breve par de retozones pies, De esos que puede la amorosa tórtola Con sola una ala cobijar después. No sólo en ojos de limeñas árabes Arde a la sombra el meridiano sol, Ojos do al astro de Capac magnífico Hoy rinde humilde culto el español. Guarda, oh Brasil, tus zalameras náyades Ricas en gracias como en piedras tú, Con aquel infantil hechizo cándido De una lengua gemela del laúd. Mima, oh Caracas, tus gacelas ágiles ¿Quién su andar mira y no las ama ya? Nacidas sobre flores, su pie mínimo Rosas parece que pisando va. Modela, esculpe, Guatemala artística, Tu Venus tropical, noble y gentil, Miniatura de Lima ¿do el Praxíteles Que con el oro encenderá el marfil? Secad las regias cabelleras de ébano, Brisas de Cartagena la inmortal, Sobre esos muros que modernos cíclopes Alzaron con estrépito triunfal. De tus sirenas la canción romántica ¿Quién, quién no extraña, oh Maracaibo, aquí? ¿Quién las galas aéreas de tus sílfídes, Oh Cuba, no extrañó lejos de ti? ¿Quién, que del Istmo a la flexible antélope Ciñó al compás del valse inflamador, No sueña en ese talle esquivo y diáfano, Istmo entre cielo y tierra, istmo de amor? ¿Y olvidaré tus ojinegros ángeles, Culta, caballeresca Bogotá, Con las mejillas de granada y nácare Que el alto ciclo de cóndor les da? ¿O a la caucana, de héroes y de mártires Digna consorte, madre sin igual? ¿O a las del Plata, en toda lid terríficas? ¿O a la quiteña, reina ecuatorial? ¿Y he de olvidar de tus morenas, Méjico, El seno escultural? ¿Y en dónde estás, Chilena, hurí de corazón volcánico, La más celosa y la que quiere más? ¿Más? ¡No! Que Dios al devolver magnífico Al hombre rey su lamentado edén, Radiante como el cielo de los trópicos Su Eva inmortal le devolvió también; Y ella le habló una lengua que a los ángeles Dios para hablar con Él les enseñó, Y trajo en dote al nemoroso tálamo El mejor don del cielo: el corazón.

eterno amor

Istmo entre cielo y tierra

para hablar con Él

el corazón Pero el hombre es ingrato... El melancólico Filtro que una mirada húmeda y pía Vertió al partir, encontrará su antídoto Que otra mirada infiltrará algún día. Volvernos locos tras de hacernos pérfidos Vuestra misión, oh americanas, es; Os anexáis el corazón suavísimas Y en su tirano es convertís después. Los que no me creáis, los que entre lágrimas Eterno amor jurasteis al partir A la que ondeando el pañuelito cándido Desde la playa os quiso bendecir, Venid, llegad, y bajo el níveo pórtico Del imperial Saint Nicholas Hotel, Donde se alivia el trovador nostálgico Y se llora la ausencia última vez. Ved desfilar el majestuoso ejército Que anida en sus cuarteles Nueva York, Embalsamando la rosada atmósfera Con su virgen aliento embriagador. ¡Alerta! que él, con disciplina mágica, Antes de combatir os vencerá; ¡Sangre española, tú serás la pólvora Que dando acecho al botafuego está! Por ataviar a esta legión seráfica Todo el mundo. Este a Oeste, Norte a Sur, Viene a verter la copa de sus dádivas, Que puja el oro en arrogante albur. Blondas que teje para reinas Bélgica Realzando senos de alabastro van, Y nido a cuellos de nevada tórtola Da con sus chales la opulenta Irán. Ondas de seda de Damasco espléndidas, Que el Musnud no ajaría en el harem, Barren el polvo... haciendo aquella música Que suspiran las aguas del Zemzem. Fue para estos cabellos que a sus náyades Robó tan ricas perlas Panamá, Y a sus divinas mariposas fúlgidas Sus lechos de esmeraldas Bogotá. Pero ¿qué son rubíes, perlas, záfiros? ¡Cuántas reinas trocaran su esplendor Por sólo el brillo de estos ojos mágicos Con que alumbra sus tronos el amor! De estas mejillas por la fresca púrpura ¡Cuántas su regia púrpura darían! ¡Y su séquito de odios por el séquito De almas en penas que en su amor porfían! ¡Ah! cada hermosa es un amable autócrata: Ley, sus sonrisas; sus palabras, ley, Y una marcha triunfal entre sus subditos Cada excursión por la imperial Broadway, Los fieros amos de la gran República Son sus siervos humildes: ¡ya se ve! ¿Quién no lo fuera de tan lindos déspotas? Y quién podrá decir: no lo seré? Cuando a la luz del tentador crepúsculo, Desde el ido bajel de la ilusión Fugas aéreas de encantada música Vienen a acariciar el corazón, ¡Ay del que mira el fascinante ejército Que ante sus ojos desfilando va! ¡Ay del que adormecido en lago plácido Del Niágara al rugir despertará! Lindas como esos iris, risa falaz del Niágara; Vagas como ellos y caprichosas; Efímeras como ellos. Crueles cual ese abismo de aguas y de cadáveres Que eriza los cabellos Y así atrayentes, vertiginosas. Todo es pasión y vida bajo su frente angélica, Como en sus altas cóleras el espantoso río. ¿Su corazón? ¡Miradlo, oíd clamar sus víctimas En ese abismo oscuro... sordo... insaciable... frío...!

Saint Nicholas Hotel

Musnud

Broadway

no lo seré?