Spanish poem
No Más Te Invocaré, Cúbrete ¡Oh Luna!
by Rafael Pombo
No más te invocaré, cúbrete ¡oh Luna! Ara de las ocultas agonías, Que con la luz que generosa envías Disípasle su sueño al infeliz. No renueves mi angustia iluminándola Con esos rayos nítidos, serenos: Deja al que sufre, que soñando al menos Se divierta sonándose feliz. Encréspanse otra vez, chocan revaeltaa Las ondas de mi espíritu ambicioso Y sacude su estúpido reposo Despertando al dolor mi corazón. En mal hora, ¡por Dios! que cuando estamos Del mundo entre la zambra y movimiento, Se embriaga el alma en loco aturdimiento E indignada se esconde la razón. Si uno olvida que vive si uno olvida Que en pos del hoy el porvenir se avanza, Que mengua con el tiempo la esperanza, Que crece con el tiempo la ambición. Entonces es feliz, engaña entcnces Al verdugo la víctima escogida. Se embota con la fiebre de la vida Ese buril del mal, la reflexión. Mas vienen los recuerdos, y por fuerza Los repasa ingeniosa la memoria, A esa continua desdichada historia Ligando un hoy tristísimo también; Vemos que siempre la esperanza falla. Vemos que siempre fracasó el deseo, Que al ir de devaneo en devaneo Nunca llegó la posesión del bien. ¿Para qué siento un alma impetuosa Que dentro en mí sin descansar se agita. Si esta impotencia mísera, maldita A la nada fatal la encadenó? ¿Con qué fin un tenaz, violento impulso Dio a mi ser el espíritu divino, Si condenado a un círculo mezquino En vano lucho por romperlo yo? ¿Qué haces sin alas, en el polvo hundido Regio cóndor de prepotente vuelo Ante la limpia inmensidad del cielo Que te llama a volar bañada en luz? ¡Verla y morir! Frenético rasgarte El noble corazón desesperado; ¡Devorarla mirándola, clavado De la impotencia en la funesta cruz! Así tal vez en uno de mis días De silenciosa, férvida tormenta Ante esa pompa en que el Criador se ostenta Delirio de dolor me enloqueció. Y un amargo sarcasmo balbucieron Mis labios en blasfemo desafío, Y atenté contra aquello que no es mío Y que Dios a mi fe recomendó. Y en el supremo instante en que la muerte La vida equilibraba en la balanza, Me forjó mi temor una esperanza, Y el nombre de mi madre pronuncié. Y trémulo caí y avergonzado En un incomprensible abatimiento; Triste como el león calenturiento, Ciego entre las tinieblas y la fe.
vive
hoy porvenir
A una luz falsa abrimos nuestros ojos; La duda está del sabio en el camino, Y de esa ciencia en el raudal mezquino Viene el licor de la ambición también. Opio fatal que por jugar probamos Y con delirio tentador nos ceba, Y en juego hacemos la segunda prueba, Y al cabo ya por precisión las cien. Y al sacudir hirviente la cabeza Al fantástico edén por despedida, Las pálidas verdades de la vida Ciñen con mano helada el corazón. Ya este sol no es el nuestro, y estas brisas Nuestros cielos flotantes no sostienen: Somos espectros que del sueño vienen Y han olvidado que del mundo son. Triste es que cuando el iris de la vida Su ardiente luz de juventud destella, Junto al calor de la esperanza bella El de precoz desilusión esté; Y sople entonces la primera brisa Del invierno de duda y agonía Que poco a poco el corazón enfría Hasta que muerto el entusiasmo ve.