Versos Spanish Rafael Pombo Señor, Déjame Hablar, Dame Palabras

Spanish poem

Señor, Déjame Hablar, Dame Palabras

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Señor, déjame hablar, dame palabras, Desahogo, expansión, deja que pueda Desbordar el torrente impetuoso Y aliviar un instante... o haz que duerma Mi espíritu en tu noche... ¿Por qué, dime, Un alma, un corazón diste a los hombres Para sentirte y adorarte... y luego En vil jaula de fango encadenaste Esos dones excelsos? ¿Por qué, dime, A tu imagen formándonos, quisiste Que este insaciable pensamiento fuese Compendio de ti mismo y de tu obra? ¿Por qué copiaste en él esas tormentas En que ruedan los truenos de tu ira Y las magnificencias de tu nombre; Esos resplandecientes horizontes Que palpitan tu gloria; ese océano Donde las huellas de tus pasos corren En montañas de olas; ese cielo. Azul esposo de la verde tierra, Claro, sereno, esplendoroso, inmenso; Las trombas de la mar, los torbellinos De arena y fuego que el simún levanta Del tendido Sahara; los abismos De la lóbrega noche pavorosa; La catarata hirviente, irresistible Que la aterrada atmósfera atraviesa Cual fúlgido cometa de las aguas; Los remolinos ígneos que coronan La frente del volcán; el dios de fuego Que brama dentro de él? ¿Por qué quisiste Que el alma un rayo de tu sombra fuese, Y espejo de tu sombra, y ambiciosa De crear cual tu creas... si entretanto Nuestras lenguas ataste, y erigiendo Entre alma y alma una fatal barrera, A esfuerzo estéril, a perenne lucha Y aislamiento sin fin las condenaste? En hablar y escribir, ¿qué obsequio hiciste Que tanto ufane y envanezca al hombre? ¿Hechas de una vil pluma pretendemos Dar alas a un arcángel? Nuestra mente ¿Puede en manchas de tinta convertirse? Esta hoja de papel, pálida, fría, ¿Reflejará un relámpago del alma? Chispa inmortal, fragmento de Dios mismo, Alma, eres tú, las destempladas voces Que me arranca el dolor, las líneas viles Que hastiado escribo, y rasgo, y despedazo. ¿Qué queda en el papel, qué lanzo al viento? La cifra de una página perdida. El humo de una hoguera. En vano intentan Nuestras débiles manos de la frente Arrancar la palabra creadora Con ridículo afán; en vano el pecho Quisiéramos nerviosos exprimirnos Para mojar en sangre los pinceles Que no encuentran color, luces, ni sombras. ¡Oh, si escribiera el corazón, si él mismo Pudiera de sus dramas silenciosos Ser el cantor! ¡Eterno Dios! entonces Yo con un himno el universo entero Ganara para ti; yo entonces, sólo Con una maldición fulminaría Tantos luzbeles de la especie humana. Entonces en los íntimos dolores Que nacen, viven, mueren en mi seno Sin costar una lágrima, escuchara De todo lo que existe en torno mío Un lamento tristísimo elevarse Acompañando mi clamor. Tú, hermosa, Que hoy de los ecos de mis ansias ríes, Entonces, como el ojo que se asoma Del Tequendama en el dintel mirando El abismo de amor que atormentabas, Loca, desvanecida caerías... Tú que me haces llorar me idolatraras.