Spanish poem
¿Somos Felices?
by Rafael Pombo
¡Libres como dos almas, sin más freno Que nuestro mismo amor sublime y santo, Y solos, tú conmigo y yo contigo; Solos, con Dios por único testigo, Y en plena juventud, y amando tanto! ¡Sin un remordimiento! Sin una sombra fúnebre que empañe Nuestro resplandeciente firmamento, Sin una sola duda que acibare La copa que a la par saboreamos. Sin un temor que a disputarnos venga El porvenir entero, tuyo y mío, Que a la célica luz de tu sonrisa Con ensueños dulcísimos poblamos. Sin más dolor que nos empape en llanto Que esta horrible delicia, esta agonía, Este dolor de Dios, de amarnos tanto. Sin más peso que abrume, Dos senos de veinte años, grandes, bellos, Que un corazón golpeando convulsivo, Contra otro amado corazón amante! ¡Sin más grito que el te amo delirante Que clama sin cesar del fondo de ellos! ¡Ah! si tan sumo bien no es más que un nombre ¿En dónde estás, felicidad del hombre? Ese cielo de nácar, esta brisa, Que en tu hálito de flores Asciende a perfumarse enamorada; Ese sol que a la orilla del abismo Se suspendió un instante a dar al mundo La cita del mejor de los amores; Esta hora bendita que Dios mismo Hizo, para que en ella Piadosos invocásemos su nombre. Porque es la hora en que la muerte es dulce Y en que el Señor perdona siempre al hombre; La fe que arde en tus ojos, La fuerza inmensa de un cariño inmenso Que enlaza nuestros brazos, esta santa Gloriosa soledad que nos circunda; Esta encantada atmósfera de vida Que con alma y con labios aspiramos, Esta íntima conciencia Que el corazón inunda De la verdad del bien que disfrutamos; El universo entero Que nos sonríe. Dios que nos bendice, ¿Serán un sueño, idolatrada mía? ¡Qué! ¿todo el bien que vemos, Todo el bien que palpamos y sentimos, A una voz nos dice Que somos venturosos? ¡Venturosos Cuánto a Dios le pedimos! Tan venturosos cuanto ser podemos, Tan venturosos como nunca fuimos, Tan venturosos ¡ay! que años tras años Al acordarnos de hoy... ¡si lloraremos!
te amo
Y ¿por qué no morimos este día? ¿Por qué el placer como el dolor no mata? ¿Por qué ha de ser preciso Que dos inofensivos corazones Que hoy la copa escancian del paraíso Cejen mañana ante la fuerza impía Que de los labios mismos la arrebata Tibia al amor del beso todavía? ¿Por qué hemos de apartarnos, Por qué, adorada mía? ¿Para que acaso en lóbrego futuro Me llores fiel o te maldiga ingrata? ¡Antes que el alma olvide, Antes que el labio niegue Esto que al cielo juro Antes que al mismo cielo desafíe, Un corazón que infame De su más dulce dádiva reniegue, ¡Alma de mi alma! ¡vida de mi vida! Si eres feliz cuando mi bien te llamo, Si sientes lo que siento, Si me amas cual te amo, Si cual yo me estremezco te estremeces Al posible sombrío del mañana... ¿Quieres morir, morir así, conmigo? ¡Salvar dolor... vejez... fealdad... miseria! ¡Robar su presa al monstruo...! Y cual dos olas que a la par nacieron Para morir al abrazarse, y corren, Y de delicia trémulas se alcanzan, Y felices suspiran Cuando al ganar la playa tersa y blanda En un beso nupcial se unen y expiran, Deja que así los últimos latidos De la felicidad, últimos sean De la vida mortal, ¡ídolo mío! Ángel caíste a mis brazos, ángel quiero Devolverte a los cielos. Yo haré dulce Tu sueño, casta niña, como el sueño Del querub que al arrullo de la madre Pasa dormido de la tierra al cielo. Si esta es nuestra hora, deliciosa hora Para morir en ella... Vino, huye, Pronto se escapará... y al escaparse ¿Qué más tendrá la vida que ofrecernos, Sino un recuerdo vano, ansias crueles, En pos del imposible, odiosas dudas, Profanas alegrías, desengaños? ¡El mundo entero, el tiempo, la distancia, Todo, todo, alma mía, conjurado Para dejarnos pronto! Donde hubo corazón, piedra y cenizas, Mas ese es el deber, ansiar la dicha, Y una vez que logramos poseerla Perderla para siempre, y para siempre Lamentarla sin fruto... En tanto avanza El tiempo inexorable, y son sepulcros Las huellas de sus pies. El sol se ha hundido, Despliega ya la noche tormentosa Su negro pabellón: cada latido De nuestros inocentes corazones Tal vez les dice en tanto, virgen mía, Que se acerca otra noche, horrenda, ingrata, En que han de destilarse, uno para otro, En vez de amor, acíbar y veneno. ¡Oh, yo te hago llorar, perdón, tú lloras! Y llorando me aprietas convulsiva Contra tu corazón, cual desafiando Al que a robarme de tus brazos venga. ¡Oh dulce, oh noble, oh generosa amiga! Qué ingrato soy contigo, mas, escucha: No soy yo, es un mal genio que aquí siento Que hace de las delicias de los cielos El peor de los suplicios. Es, escucha, Que te amo, te idolatro, tanto, tanto, Con tan inmenso afecto, que la vida Para ti no me basta, y lo ansío todo, El mundo, el cielo, el caos... ¡otro beso...! Noche del corazón que ni un rayo de cólera alumbra, Desolación mortal que Dios mismo parece esquivar, Cadáver que a un tiempo rechazan el mundo y la tumba, Y entre el mundo y la tumba con fantasmas batiéndote vas.
mi bien
posible mañana...