Spanish poem
Vanidad Y Ambición Cuestan Muy Caro
by Rafael Pombo
Vanidad y ambición cuestan muy caro, Y el Rey Chumbipe lo hizo ver bien claro. Era el tal un fornido Pavo, entre muchos pavos escogido, Que en su corral, con Chumba y sus hijuelos, Pavipollos monísimos, vivía, Y dio en la más ridicula manía. Vivir bien, muy cuidado, en casa propia. Con su familia entera, sin recelos, Ni enemigos, ni deudas, —a este loco Le pareció muy poco, Y a su mujer también, pues la tal Pava Era aún más fanfarrona que el marido. A entrambos la ambición les trabajaba Los sesos (si los tienen); Nacidos para reyes se imaginan, Quieren conquista y corte y fausto y pompa; Ansian que en todo pico al aire suenen Su nombre y las empresas que maquinan, Y que los elefantes con su trompa Cantándolas en verso el orbe llenen. «Está echada la suerte», exclamó un día El insigne archipámpano saltando A un campo ajeno; «míra, esposa mía, ¡Qué vista tan soberbia, qué abundancia De trigo y de maíz! no te parece Que en esta rica estancia ¿Será prudente que a fundar empiece Mi vasta capital de Chumbipía? Y pues tenemos la despensa llena Vamos pronto, en caliente, convidando Por esquela o por bando A un gran festín que servirá de estrena Al chumbípico mando. Acudirán las aves por millones, Como a sacarse de mal año el buche», Y el Ganso les dirá: «Señores míos, Antes de que uno solo un grano embuche, Vamos desagraviando, aunque tardíos, A nuestros dos modestos anfitriones. ¿Hasta cuándo, señores, hasta cuándo Ha de seguir el Águila mandando? ¿Qué derechos le asisten? ¿qué mercedes Hizo jamás? ¿qué empleos, qué pensiones Le han merecido ustedes? ¿Cuándo esa pollicida Nos ha invitado a opíparo banquete Como el noble Churabipe nos convida? ¡Basta de sufrimiento! ¡Cese nuestra abyección! ¡Pronunciamiento! ¡Caiga el Águila impía! Y pues nada es peor que la anarquía, No dejemos acéfalo un momento El imperio del aire; sin demora Encarámese aquel a quien le incumba. Leo vuestro pensamiento: ¡Vivan el Rey Chumbipe y Reina Chumba!» Tras de esta alocución, u otras razones Que el hábil orador juzgue oportunas, Votarán los glotones, Y... ya comprenderás... ¡no tiene quite!... Proclaman Rey al amo del convite O se van en ayunas. Chumba aprobó entusiástica el proyecto Y lo puso en efecto Arrancando una pluma del buen Ganso, Que ya estudiaba con afán su arenga, Y escribiendo con ella la obligada Fórmula de «Se espera que usted venga». Toda la grey volátil fue invitada Excepto Águila y Buitre; también creo Que el Pavo Real y su gentil señora Se pasaron en blanco, no embargante El parentesco y la orden terminante De instarlos con dulcísimo tuteo Que Chumbipe galán dio a la escritora. Algún viejo zelillo entraba en cuenta, O el traje de su primo y su parienta No agradaban a Chumba; esta doctora, Digna mujer del fantasmón zoquete, No advirtió nunca que el Pavón finchado Es, con toda su púrpura y brocado, Un para nada, un ruin mírame y vete. Escritas las esquelas, de correo Sirvieron las palomas; Y como se usa poco el dejar feo A quien convida y paga el regodeo, Todas las aves en sus treinta idiomas Contestaron acepto a los mensajes Y se aplicaron a afilar los picos Y aderezar los trajes; Menos la golondrina, tierna madre, Que al son de un guirigay de chillidos, Se excusó cual lo exige la crianza. Por no tener una ama de confianza Con quien dejar sus tres recién nacidos.
mírame y vete
acepto
«¡Míre, taitica, qué pajarería! ¿Qué querrá decir eso? ¡Ave María!» Dijo Alifonso a Pantaleón; «¡aprieta!» «¿Qué santo será hoy?» —Y el mayordomo Repuso: «A eso venía. Yo les preguntaré; yo entiendo el cómo. Aquí va mi escopeta». Cuando pasó este diálogo, llegaban Los convidados al festín. Guanajo Acertó lindamente en que vendrían Con una hambre feroz, como que apenas Se apearon del viento que los trajo, Empezó el manducar, sin dar la pata Ni saludar siquiera a los patrones. Ni arreglarse el collar o la corbata. En tumulto incivil, por pelotones, Todo a la rebatiña y sin decoro Cayeron sobre espigas y mazorcas, Y en la uva el ebrio charlatán del loro. Muchos de los famélicos viajeros Llegaron sin sombreros. Los demás, sin quitárselo atacaron, Y en fin, sólo en comer, sólo en hartarse Del primero hasta el último pensaron. No, me equivoco: una omisión cometo: El orgulloso gallo que se jacta De cortés con las damas, por respeto A Chumba su parienta y su vecina. Entró como quien es, a la hora exacta. Dando el brazo a su esposa la Gallina. Pero se amostazó con la inurbana Conducta de los huéspedes; a muchos Recetó buena zurra de espolazos Tratándolos de hambrientos avechuchos; Y reciando en furor, llegó al exceso De llamar «vieja» y «gomia» y «estantigua» ¿A quién? a doña Gansa, ilustre anciana, ¡Docta escritora! —Y eso, Porque, observando una costumbre antigua En matronas de edad y seso y peso. Dio el mal ejemplo de embuchar con gana ¡Y no dejar ni el hueso! En cuanto al Rey Chumbipe, al ver frustrado Su gran golpe de Estado, Se rascaba la cresta de coraje Y araba el suelo cual bufante toro; Y Chumba, más rabiosa que el marido Y rabiosa con él (la causa ignoro), Tratábalo de zueco y de muñeco Y aun le infería el horroroso ultraje ¡De tirarlo del fleco! Ambos consortes, sobre todo Chumba, Dieron al Ganso mil y mil guiñadas Con las uñas armadas Para que hablase al fin y metiese orden En aquella balumba; Y el Ganso dócil, unas tantas veces Hizo el esfuerzo, abrió tamaño el pico, Y en vez de hablar graznó veinte sandeces Que ahogaba con sus gritos el Perico. Viendo Chumbipe su imperial quimera Disipada en un chasco soberano, Quiso una chumbipada hacer siquiera Para darse infulillas de tirano. Llamó a la Grulla (hermana o madre o tía De Pero Grullo el inmortal zoquete) Y le dijo; «Te nombro Policía, Arréstame ese Gallo matasiete Que está en mis barbas insultando a todos». —El Gallo que esto escucha A espuela y pico a entrambos arremete, Teinte o treinta mirones Echan su cuarto a espadas en la lucha, Y se vuelve una Troya el gran banquete. Varios de esos paletos tragantones Que el Gallo regañó, con sus aliados Contra Su Majestad; éste, resiste Cual terca muía, y como toro embiste, Y pica a todos lados Pero aquéllos son más, y al cabo el triste Sucumbe a sus asaltos redoblados. El Pavón, sin que nadie lo invitara, Con su Pavona cara Se asomó de gorrista, alias Mogrollo, Con mucho encaje y cola y perifollo, Y al ver el tal festín y en lo que para Píense a carcajadas, a costillas De Chumbipe y de Chumba. Esta lo advierte Y desmayada de vergüenza cae; Con lo cual la función, por el más fuerte Se decidió; los debelados huyen Buscando escapatoria, Y el gallo triunfador canta victoria. Mas ya por este punto de la historia Estaban a la vista Alfonso y Pantaleón con su escopeta; El gallo los avista, Pero ¿cómo en el campo de la gloria Volver la espalda? —Pantaleón le apunta, Da fuego, le acertó, lo desgolleta, Y en su muy honorable compañía Más de una ave cayó lesa o difunta; Avanza Pantaleón, vuela el que puede, Mas Chumbipe infeliz, ni con muleta. Cuentan que al otro día Un gordo Pavo con primor relleno El cocinero a su señor servía, Y que el compadre Pancho le decía: «Nunca en mi vida lo gusté tan bueno». Chumba al viejo corral volvió en derrota Y allí encontró que el Buitre carnicero Devorando su cría Aprovechó su ausencia y la chacota Del festín pendenciero. Desde entonce ella misma se achacaba La muerte de Chumbipe y de sus pollos; Mas se curó de su ambición la Pava, Y ya no la tentaba Meter baza en políticos embrollos. taitica