Spanish poem
Dejad que la alabe
¿Existirá? ¡Quién sabe! mi instinto la presiente dejad que yo la alabe previamente.
Alerta el violín el querubín y susceptible al manzano terrenal, será a la vez risueña y gemebunda, como el agua profunda.
Su índice y su pulgar con una esbelta cruz esbelto persignar.
Diagonal de su busto, cadena alternativa de mirtos y de nardos, mientras viva.
Si en el nardo canónico o en el mirto me ofusco, ella adivinará la flor que busco; y, convicta e invicta, esforzará su celo en serme, llanamente, barro para mi barro y azul para mi cielo.
Próvida cual ciruela, del profano compás siempre ha de pedir más.
Retozará en el césped, cual las fieras del Baco de Rubens; y luego... la paloma que baja de las nubes.
Riéndose, solemne. Y quebrándose, indemne.
Que me sea total y parcial, periférica y central; y que al soltar mi mano la antorcha de la vida, son la antorcha caída prenda fuego a mis lacios cabellos, que han sido antes ludibrio de las uñas de las bacantes.
Que me rece con rezos abundantes y con lágrimas pocas; más negra de su alma que de sus tocas.