Versos Spanish Ricardo Palma La conciencia

Spanish poem

La conciencia

by (1833–1919)

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Furiosa tempestad se desataba cuando, de pieles rústicas vestido, Caín con su familia caminaba huyendo a la justicia de Jehovah. La noche iba a caer. Lenta la marcha al pie de una colina detuvieron, y a aquel hombre fatídico dijeron sus tristes hijos: -descansemos ya.

Duermen todos excepto el fratricida que, alzando su mirada sobre el monte, vio en el fondo del fúnebre horizonte un ojo fijo en él. Se estremeció Caín, y despertando a su familia del dormir reacio, cual siniestros fantasmas del espacio retornaron a huir. ¡Suerte cruel!

Corrieron treinta noches y sus días, y pálido, callado, sin reposo, y mirando sin ver, y pavoroso, tierra de Assur pisó. -Reposemos aquí. Dénos asilo esta región espléndida del suelo- Y, al sentarse, la frente elevó al cielo... y allí el ojo encontró.

Entonces a Jubal, padre de aquellos que en el desierto habitan -haz, le dijo, qu ese arme aquí una tienda- y el buen hijo armó tienda común. -¿Todavía lo veis? -preguntó Ysila, la niña de la blonda cabellera, la de faz como el alba placentera, y Caín respondió: -¡lo veo aún!

Jubal entonces dijo: -una barrera de bronce construiré: tras de su muro, padre, estarás de la visión seguro; ten confianza en mí.

Una muralla se elevó altanera... y el ojo estaba allí. Tubalcaín a edificar se puso una ciudad asombro de la tierra, en tanto sus hermanos daban guerra a la tribu de Seth y á la de Enós. De tinieblas poblando la campiña la sombra de los muros se extendía, y en ellos la blasfemia se leía: PROHIBO ENTRAR A DIOS.-

Un castillo de piedra, formidable, que a la altitud de una montaña asciende, de la ciudad enmedio se desprende, y allí Caín entró. Ysila llega hasta él, y cariñosa, Padre, le dice, ¿aún no ha desaparecido?- Y el anciano, aterrado y conmivido, la responde: -¡No! ¡no!

Desde hoy quiero habitar bajo la tierra como en su tumba el muerto. -Y presurosa la familia cavóle una ancha fosa, y a ella descendió al fin. Mas debajo esa bóveda sombría, debajo de esa tumba inhabitable, el ojo estaba fiero, inexorable... ¡y miraba á Caín!