Spanish poem
Era sátiro caprichoso
by Rubén Darío
Fué con su corona de laurel, su lira, su frente de poeta orgulloso, erguido y radiante.
Y en toda aquella inmensidad de maravillosa armonía, el único que no oía nada era el sátiro sordo.
El sátiro dirigió una mirada a sus dos consejeros. Era preciso que ellos resolviesen lo que no podía comprender él. Aquella mirada pedía una opinión.
¡Ah! ¡la alondra había cantado, pero el sátiro no oía! Por fin, dirigió su vista al asno.
—¡No...!
Al vecino Olimpo llegó el eco, y resonó allá, donde los dioses estaban de broma, un coro de carcajadas formidables que después se llamaron homéricas.
No se ahorcó, pero se casó con Eurídice.