Spanish poem
«Pax»
by Rubén Darío
En sangre y en llanto está la tierra antigua. La Muerte cautelosa, o abrasante o ambigua pasa sobre las huellas del Cristo de pies sonrosados que regó lágrimas y estrellas.
La humanidad, inquieta, ve la muerte de un papa y el nacer de un cometa como en el año mil.
Y ve una nueva torre de Babel desmoronarse en hoguera cruel al estampido del cañón y del fusil.
«¡Matribus detestata!» Madre negra a quien el ronco ruido alegra de los leones: Palas, odiosa a las dulces mejillas, puesto que das las flechas y las balas; abominada seas por los corrientes siglos y fugaces edades, porque a pesar de todo, tus fuertes potestades sucumbirán al trueno de oro de las ideas.
Amontonad bibliotecas, poblad las pinacotecas con los prodigios del pincel y del buril y del cincel.
Hace la evocación de Homero, Vinci, Dante para que vean el espectáculo cruel desde el principio hasta el fin: ¡La quijada del rumiante en la mano de Caín sobre la frente de Abel!... Se grita: ¡Guerra Santa! acercando el puñal a la garganta, o sacando la espada de la vaina; y en el nombre de Dios, casas de Dios en Reims y Lovaina ¡las derrumba el obús 42!...
¡No, Reyes! Que la guerra es infernal es cierto; cierto que duerme un lobo
en el alma fatal del adanida; mas también Jesucristo no está muerto. ¡Y contra el homicidio, el odio, el robo, el es la Luz, el Camino y la Vida!... ¡Emperadores! ¡Reyes! ¡Presidentes! la hora llegará de la Aurora. Pasarán las visiones de Durero; pasarán de Callot los lansquenetes, los horrores de Goya, el visionario, en la memoria amarga de la tierra.
Pasará de la guerra el tigre fiero, se olvidarán obuses y mosquetes, y ante la sacra sangre del Calvario se acabarán las sangres de la guerra.