Spanish poem
Ópalo
A la vieja necrópolis me arrimo; y en el tumulto del desborde rimo la postrera canción, no conforme a la Lógica y al Arte, sino según el verso brinca y parte ¡del mismo corazón!
Así surgida de la oculta vena el agua pura se levanta y suena en curva de cristal; y al extremar la iridiscente ojiva, toca en tierra y se alarga fugitiva, ¡caprichosa y triunfal!
¡Cuál voy! El hombre labra su fortuna, como el río su cauce; mas la cuna y el medio siempre son árbitros ¡Ay! Para las dos corrientes, pues que dan a las linfas y a las gentes ¡impulso y dirección!
Si resulté raudal turbio de cieno y espumante de cólera en un trueno, en un fragor de alud, la margen verdeció, y un espejismo puso en mí, como prez, el otro abismo: ¡el de la excelsitud!
Entro. ¡-Hierbas y nichos y pendientes: ponto con arrecifes rompientes-! Alzo del polvo un lar: un caracol cuyo tortuoso hueco reproduce al oído, como un eco, ¡el murmullo del mar!
Ando en maleza vil donde no hay ruta; y el temor a una víbora me inmuta, cuando aventuro el pie. -Una virtud suprema y exquisita baja del firmamento y precipita ¡la zozobra en la fe!
Lleno de la esperanza de la gloria, y arrostrando la inquina, y en la escoria, fuelvo al éter la faz, miro esplender la eternidad del cielo, y reporto a mis lágrimas consuelo ¡y a mis enconos paz!
Mi espíritu de bronce con acíbar se torna cera que desprende almíbar. D'Annunzio dice bien: la sazón lleva plácido atributo, y dulcifica el alma, como el fruto, ¡aunque mina el sostén!
Con los jaspes del ónix mexicano la tarde brilla en el inmenso vano, en la veste de Ormuz; y el pobre y aflictivo cementerio refleja en su abandono y su misterio ¡la policroma luz!
Un adiós, hecho turba de colores, como el de triste madre suelto en flores a muerto chiquitín, radia en el dombo, que prepara luto y luminaria, por el sol hirsuto ¡que cayó en el confín!
Al rincón venerable llego al cabo. Hurgo la herida con el propio clavo, memoro trance cruel; y ante un espectro gemebundo y bronco, reclino intenso afán en firme tronco ¡de cercano laurel!
Trepadora vivaz orna la tumba, que el estrago del tiempo se derrumba, exenta de inscripción; y en la cruz una ráfaga menea follaje que parece que chorrea ¡lastimero festón!
Laúd solemne, sensitivo y pulcro, enmudeció a la orilla del sepulcro que atesta olvido tal... a ti mi libro fiel ¡Oh poesía, honrada solamente por la mía y la de un vegetal!
Y a vos dama gentil, soberbia y dura, que guardáis en desdén y en hermosura ¡un cadáver de amor! planto y riego distinta enredadera para que gane cumbre más severa ¡ídolo superior!