Versos Spanish Tomás de Iriarte Paréceme Que Sí, Querido Hermano

Spanish poem

Paréceme Que Sí, Querido Hermano

by (1750–1791)

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Paréceme que sí, querido hermano, Ya que Apolo no siempre es tan divino Que dictar quiera versos elegantes Y dignos de tenerle por padrino, Sino que se complace en ser humano, Y prosa suele hablar con consonantes, Sin furor ni entusiasmo de adivino, Sujetando las alas al Pegaso, Porque, en vez de volar, le lleve al paso. Tú, que, olvidado ahora de esta Corte, Buscas las del Oriente y las del Norte, Perdona si te envidio la gustosa Curiosidad y el intimo consuelo De visitar el afamado suelo De Tulio y de Marón patria dichosa, Y patria a quien sirvieron Paulo Emilio 1, Uno y otro Scipión, Mario y Atilio 2. Largo fuera y ocioso recordarte Los blasones y el lustre sin segundo De ésa que un tiempo fue la mejor parte De Europa y la Metrópoli del mundo. Pídote sólo que en la Eneida leas Cómo, al hallarse en el averno Eneas, Anchises le mostraba en profecía Las almas de los ínclitos Varones Que habían de llegar a ser un día Honor de las Itálicas regiones. Hoy tú, más bien que el Capitán Troyano, No en vaticinio, sino con tus ojos, Ayudados de luces de la Historia, Admirar puedes la sublime gloria Del Imperio Romano, Que atestiguan reliquias y despojos. Mas yo no puedo desde el clima Hispano Registrar la columna de Antonino, El templo y obelisco Vaticano, El Capitolio y monte Palatino. No veo las basílicas, los puentes, Las termas, arcos, puertas, mausoleos, Acueductos, palacios, muros, fuentes, Pórticos, plazas, circos, coliseos. Veo sí los escritos inmortales De los Tácitos, Livios, Cicerones; Veo Plinios, Lucrecios, Juvenales; Veo Augustos , Mecenas y Marones. Con sus nombres el ánimo se exalta, El heroísmo y pundonor sa excita; Y cuanto más aquel modelo imita Una Nación, mas ve cuánto la falta Solo para acercarse a tal grandeza, Tal esplendor, poder, fama y riqueza. Del benigno país que con su riego El caudaloso Tíber fertiliza, A la fría región pasarás luego Por donde el gran Danubio se desliza, Ceñida allí de una comarca amena Verás la austríaca Viena, Verás y admirarás al Soberano Benéfico, sagaz y belicoso, Que, imitando al magnánimo Prusiano, Un ejército manda numeroso De dóciles Guerreros, Intrépidos, robustos, escogidos, A quienes como honrados Compañeros Trata, no como Esclavos abatidos. Verás la Agricultura floreciente, La pública instrucción adelantada, Las Artes propagadas de repente, Y entre ellas promovida y estimada Aquélla con que Orfeo Domó las fieras y paró el Leteo. Todo el poder y efectos prodigiosos Que cuentan de la Música divina La antigua Historia Griega y la Latina, No te parecerán ya fabulosos Cuando de cerca aplaudas la arrogancia, La expresión e ingeniosa consonancia Con que hace hablar sus varias sinfonías El Músico mayor de nuestros días, Hayden, aquel grande hombre, A quien te pido abraces en mi nombre. Mas ya dejar te miro Los confines Germanos, Y el político giro Seguir hasta los últimos Britanos. Desde luego la Corte populosa Cuyas murallas baña La corriente anchurosa Del Támesis, la imagen te presenta De una nación en todo bien extraña; Nación en otros siglos no opulenta, Hoy feliz por su industria, y siempre exenta; Nación tan liberal como ambiciosa, Flemática y activa, Ingenua, pero adusta, Humana, pero altiva, Y en la causa que abraza, inicua o justa, Violenta defensora, Del riesgo y del temor despreciadora. Allí sera preciso que te asombres De ver (cual no habrás visto en parte alguna) Obrar y hablar con libertad los hombres. Admirarás la rápida fortuna Que allí logra el valor y la elocuencia, Sin que ni el oro ni la ilustre cuna Roben el premio al mérito y la ciencia. Advertirás el numeroso enjambre De diligentes y hábiles Isleños, Que han procurado, del comercio Dueños, Ño conocer la ociosidad ni el hambre, Ocupados en útiles inventos, En fábricas, caminos, arsenales, Escuelas, academias, hospitales, Libros, experimentos, Y estudios de las Artes liberales. Allí sabrás, en fin, a cuánto alcanza La sabia educación y el acertado Método de patriótica enseñanza, La privada ambición bien dirigida Al público provecho del Estado, La justa recompensa y acogida En que fundan las Letras su esperanza, Y el desvelo de un próvido Gobierno, Que al bien aspira y a un renombre eterno. Entre las reflexiones que te apunto (Si no fuera un asunto Superior a mis fuerzas), me alegrara De poder explicarte En digna descripción alguna parte De aquel vario embeleso Que te ofrece y prepara La Corte Parisiense a tu regreso: Culto emporio de Europa, que convida Con nobles espectáculos, paseos, Lucidas concurrencias y recreos, Que hacen amable y cómoda la vida; Siendo de los mayores y más gratos Que proporciona aquella nueva Atenas, Gozar la sociedad de Literatos Que con las Ciencias útiles o amenas Ilustran su Nación y las ajenas... Pero yo, desde el centro solitario Del estrecho rincón en que esto escribo, Quitando el polvo al militar Archivo, Mal te explico, oh viajante Secretario, Lo que tú observarás prácticamente, Y yo sólo por teórica percibo. Sigue, pues, con salud tu itinerario; De lengua en lengua y de una en otra gente Aprende a ser político eminente; Adquiere enhorabuena cada día Méritos e instrucción; que yo, entretanto, Conforme con la oscura medianía, Del retiro y quietud elogios canto, Diciendo como Séneca decía: «En el despeñadero De la encumbrada Corte permanezca El que mando y honores apetezca; Que yo la paz únicamente quiero. Quiero en la soledad más escondida Gozar los dulces bienes del reposo, Y pasará mi silenciosa vida Ignorada del Noble y Poderoso. Cuando mi edad, sin fausto, sin estruendo, Haya llegado al término que debe, Aunque muera como uno de la Plebe, Tal vez anciano moriré; y entiendo Que no persigue muerte a los nacidos Más triste y más cruel que la de aquéllos Que son de todo el mundo conocidos Sin que a sí propios se conozcan ellos».