Versos Spanish Voltaire Memorias de Voltaire

Spanish poem

Memorias de Voltaire

by (1694–1778)

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Porque, huéspedes interesados, de hambre, viéndonos acuciados, de manera más que frugal, en una cabaña infernal, envenenándonos, nos roban el dinero. ¡Cuán lejos del de Lúculo este siglo postrero!

Tomábannos los unos por reyes coronados; los otros, por tunantes redomados.

A las veces, la gente se agolpaba, de hito en hito nos miraba, cual curiosos bausanes, con harta impertinencia.

Cada cual un malvado espía, con un ojo el pasaporte leía, el otro en nuestra bolsa distraído. El oro, de poder no desmentido con cuya rica lluvia acariciaba Júpiter a Danae y la gozaba; el oro con que César gobernaba el mundo tan feliz bajo su imperio; el oro, más que Amor y que Licurgo sabio, de la noche en el misterio nos abrió las murallas de Estrasburgo."

¡Oh, genio universal, ánimo firme y tierno! ¡Qué! ¿Ha de haber desgraciados reinando vos, señor? Poned a los tormentos de ese culpable término, y nunca, generoso, los pongáis al favor; ved en derredor vuestro las súplicas ardientes, hijas de contricción y orla de nobles mantos, espantadas regando con lloros impotentes esas manos que deben secar todos los llantos.

¿A qué, pues, espectáculo de tal magnificencia, en el que triunfa Tito emperador, me das? Para que nada falte, iguala su clemencia, y así imitadle en todo, o no le ensalcéis más.

"Pues serán recibidos, biribito, igual que barbaritos, amiguito."

"Amigo, la suerte está echada. Cansado de inclinar el cuello al yugo de la adversidad, quiero acortar el tiempo amargo que la Natura nuestra madre a mi existencia miserable prodigar se ha dignado con liberalidad.

Firmes el ánimo y los ojos, sin miedo y sin esfuerzo alguno, me acerco ya al dichoso término que me ha de precaver de la contraria suerte.

Adiós, grandezas y quimeras; las ilusiones pasajeras ya no deslumbran, no, a mis ojos.

Si vuestro falso brillo, en mí naciente aurora, hizo brotar, harto ligeros, deseos indiscretos, ha tiempo ya esfumados, con su filosofía, templo de la Verdad,

Zenón supo apartarme de la frivolidad, do los errores nacen del sueño de la vida...

Adiós, voluptuosidad; adiós, suaves placeres que halagáis la molicie, y que en tropel risueño con guirnaldas floridas encadenáis el goce...

¡Mas qué hago, oh, Dios; rendido bajo la adversa suerte!

¿Cábeme los placeres nombrar y la alegría? Bajo la garra del halcón ¿vísteis jamás la tortolilla, o la llorosa Filomela cantar o suspirar amor?

Para mí hace ya tiempo que de la luz el astro sólo ha alumbrado días por mi mal señalados, y que Morfeo, avaro de sus adormideras, no se digna con ellas cerrar mis tristes párpados.

Dígole a la mañana, llorando de mis ojos: "El día que va a despertar me anuncia ya nuevos reveses." Y le digo a la noche: "Vas a surgir ya pronto para eternizar mi dolor..." ¡Oh, vosotros los héroes a quienes reverencio, manes de Bruto y manes de Catón!

Ilustrado por vuestro ejemplo en el error y en el abuso, de vuestra antorcha funeraria guíome en el camino que el vulgo desconoce, y que vuestras antiguas virtudes nos trazaron.

Dejo a un lado romances y pomposos fantasmas, en el seno engendrados de la superstición, y para conocer profundamente al hombre no he de volver los ojos nunca a la Religión.

Por Epicuro, mi maestro, sé que la injuria cruel del tiempo disuelve los seres compuestos, y que ese soplo, chispa o fuego

que vivifica el cuerpo orgánico no es inmortal naturaleza; mas con el cuerpo nace, y así en los niños crece, sufre con el dolor cruel, eclípsase, se pierde, desciende con los años; perecerá sin duda cuando la eterna noche venga a arrancarnos de entre el número de los vivos.

Vencido, perseguido, errante por el mundo, por mor de perversos amigos, sufro yo en mi dolor profundo más males aquí en esta vida que en las ficciones de la Fábula fecunda nunca sufriera Prometeo en los infiernos.

Así, para acabar mis penas, como el desventurado, preso en su calabozo, contra el destino alzándose engaña a su verdugo, y con viril esfuerzo rompe al fin sus cadenas, sin preocuparme de los medios, rompo los lazos tan funestos cuya sutil y fina trama a este cuerpo de dolor roído harto tiempo ligó mi alma.

He aquí, pues, en sombrío cuadro la justa causa de mi muerte...

No creerás que en la nada obscura aspiro, no, a la apoteosis.

Mas siempre que renazca primavera fecunda, de su seno ofreciéndote las flores olorosas, con un ramo de mirtos y rosas acuérdate de adornar mi tumba."

"Próximo ya a naufragar, es menester afrontar el mal viento, pensar, vivir y morir como rey."

"¡Oh, nación de oprobio llena!, ¿do fueron guerreros tales que a Luxemburgo y Turena dieron lauros inmortales, y enamorados de gloria corrían por la victoria peligros que el valor calla?

ya he visto su ruin coraje: valientes, en el pillaje; cobardes, en la batalla. ¡Cómo! ¿De la Pompadour juguete, vuestro señor, señalado del albur con vergüenzas del amor, y que al azar encomienda, por huír cuidados, la rienda del imperio y de sus reyes, esclavo ensoberbecido, quiere, mimoso, Cupido dictar la ley a los reyes?"

"No aquel cuya feliz insania de las artes en Alemania quiso la rápida fortuna; hijo, hermano y esposo fiero, es el que un padre justiciero quiso ahogar ya estando en la cuna.

Es el mismo, sí, cuya audacia de las Nueve y del dios de Tracia quiere las gracias y el arresto, y que en el Parnaso o con Marte no encuentra, a falta de otra parte, sino entre Zoilo y Mevio puesto.

La guardia romana no enfrena, al salir Nerón a la escena, el desprecio de las legiones; y el opresor de Siracusa entrega, sin fruto, su musa a la befa de las naciones.

Sufre, pues, sin rigor, que luego se den a su inocente juego naturaleza y los amores. ¿Condenar puede acaso al goce quien, como tú, no lo conoce sino en brazos de sus tambores?"