Versos Spanish Juan Bautista Aguirre Breve Diseño de las Ciudades de Guayaquil y Quito

Spanish poem

Breve Diseño de las Ciudades de Guayaquil y Quito

by (1742–1823)

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Dichoso paisano en quien con diversísimos modos se miran los dones todos, todas las prendas se ven, perdone si en parabién de tu carta no te da algo mi amor, porque ya cuanto yo darte podía, que era la voluntad mía, tú te lo tienes allá.

Mostrárteme agradecido hoy mi empeño viene a ser, y para poderlo hacer de estos versos me he valido; recíbelos advertido de que si aun el don mayor sólo recibe valor del amor de quien lo da, inmenso mi don será, pues es inmenso mi amor.

Contarte un pesar intento por ver si puedo lograr el que mi propio pesar sirva de ajeno contento; escúchame, pues, atento, que ya mi triste gemido empieza a dar condolido dos efectos a mi canto, pues lo que en mi voz es llanto será música en tu oído.

Guayaquil, ciudad hermosa, de la América guirnalda, de la tierra bella esmeralda y del mar perla preciosa, cuya costa poderosa abriga tesoro tanto, que con suavísimo encanto entre nácares divisa congelado en gracia i risa lo que el alba vierte en llanto;

ciudad que es por su esplendor, entre las que dora Febo; la mejor del mundo nuevo y aún del orbe la mejor; abunda en todo primor, en toda riqueza abunda, pues es mucho más fecunda en ingenios, de manera que, siendo en todo primera, es en esto sin segunda.

Tribútanle con desvelo, entre singulares modos, la tierra sus frutos todos, sus influencias el cielo; hasta el mar con que anhelo soberbiamente levanta su cristalina garganta para tragarse esta perla, deponiendo su ira al verla le besa humilde la planta.

Los elementos de intento la miran con tal agrado, que parece se ha formado de todos un elemento; ni en ráfagas brama el viento, ni son fuego sus calores, ni en agua i tierra hay rigores y así llega a dominar en tierra, aire, fuego i mar, peces, aves, luces, flores.

Los rayos que al sol regazan allí sus ardores frustran, pues son luces que la ilustran y no incendios que la abrasan; las lluvia nunca propasan de un rocío que de prisa al terreno fertiliza y que equivale en su tanto de la aurora al tierno llanto, del alba a la bella risa.

Templados de esta manera calor y fresco entre sí, hacen que florezca allí una eterna primavera; por lo cual si la alta esfera fuera capaz de desvelos, tuviera, sin duda, celos* de ver que en blasón fecundo abriga en su seno el mundo ese trozo de los cielos.

Tanta hermosura hay en ella que dudo, al ver su primor, si acaso es del cielo flor, si acaso es del mundo estrella; es, en fin, ciudad tan bella que parece en tal hechizo, que la omnipotencia quiso dar una señal patente que está en el Occidente el terrenal paraíso.

Esta ciudad primorosa, manantial de gente amable, cortés, discreta y afable, advertida e ingeniosa, es mi patria venturosa; pero la siempre importuna crueldad de mi fortuna, rompiendo a mi dicha el lazo, me arrebató del regazo de esa mi adorada cuna.

Buscando un lugar maldito a que echarme su rigor y no encontrando otro peor, me vino a botar a Quito; a Quito otra vez repito que entre toscos, nada menos, varios diversos terrenos, siguiendo, hermano, su norma, es un lugar de esta forma, disparate más o menos:

Es su situación tan mala, que por una y otra cuesta la una mitad se recuesta, la otra mitad se resbala; ella sube y se cala por cerros, por quebradones, por guaicos y por rincones y en andar así escondida bien nos muestra que es guarida de un enjambre de ladrones.

Tan empinado es el talle del sitio sobre que estriba, que se hace muy cuesta arriba el andar por cualquier calle; no hay hombre que no se halle la vista en tierra clavada, porque es cosa averiguada que el que anda sin atención, cae, sino en la tentación, en una cosa privada.

Hacen a Quito muy hondo una y otra rajadura y tendiendo tanta hondura, es ciudad de ningún fondo. Aquí hay desdichas a bondo,+ aquí el hambre y las sed se aúnan y a todos nos importunan; aquí, en fin, ¡raros enojos!, los que comen son los piojos, los demás todos ayunan.

Son estos piojos taimados animales infelices, grandes como mis narices, gordos como mis pecados; cuando veo que estirados van muy grandes en cuadrilla, me asusto que es maravilla desde que un piojillo arisco, sólo con darme un pellizco me sumió la rabadilla.

Las sillas de mano aquí se miran como a porfía y te aseguro, a fe mía, que tan malas no las vi; luego que las descubrí por unos lados y otros, viendo los asientos rotos y quebradas las tablillas, dije: bien pueden ser sillas, mas yo las tengo por potros.

En estas sillas se encierra, llevando cualquier serrana, mucho pelo y poca lana, como oveja de la tierra. Aquí, pies, en civil guerra, con femeniles enojos son de los piojos despojos y con dentelladas bellas los piojos las muerden a ellas y ellas muerden a los piojos.

Estas quiteñas, como oso, están llenas de cabello y, aunque tienen tanto vello, más nada tienen hermoso; así vivo con reposo sin alguna tentación, siquiera por distracción me venga, pues si las hablo, juzgando que son el diablo hago actos de contricción.

Lo peor es la comida (Dios ponga tiento en mi boca): ella es puerca y ella es poca, mal guisada y bien vendida; aquí toda ella es podrida y ¡vive Dios! que me aburro cuando imagino y discurro que una quiteña taimada me envió dentro de una empanada un gallo, un ratón y un burro.

Hay tal o cual procesión, mas con rito tan impío que te juro, hermano mío, que es cosa de inquisición: van cien Cristos en montón corriendo como unas balas, treinta quiteños sin galas, más de ochenta dolorosas, San Juan, Judas, y otras cosas, casi todas ellas malas.

Con calva, gallo y sin manto, un San Pedro se adelanta y, por más que el gallo canta, no quiere llorar el Santo; pero le provoca llanto de sus llaves la reyerta, pues cuenta por cosa cierta que, estando el Santo con sueño, hurtóselas un quiteño para falsear una puerta.

Va también tal cual rapaz vestido de ángel andante, con su cara por delante y máscara por detrás; con tan donoso disfraz echan unas trazas raras, dándonos señales claras que, en el quiteño vaivén, aun los ángeles también son figuras de dos caras.

De penitentes con guantes salen los nobles, por no dar limosna—y temo yo que han de salir de danzantes. Estos quiteños bergantes, ¿cómo harán tal indecencia?, pues hallo yo en mi conciencia que es muy grave hipocresía vestir la cicatería con traje de penitencia.

Después se ven unos viejos beatos, brujos y quebrados y algunos frailes cargados con sus barbas y agarejos; luego se sigue a lo lejos una recua de Cofrades, después las Comunidades y otras bestias con pendones, porque aquí las procesiones todas son bestialidades.

Mil pobres despilfarrados se miran a cada instante, mas ninguno es vergonzante, que son bien desvergonzados; ciegos, mudos, corcorbados y enanos hay en verdad tantos en esta ciudad, que yo afirmo sin rebozo que es este Quito piojoso el Valle de Josafat.

Hermano, en aqueste Quito muchos mueren de apostemas, de bubas, llagas y flemas, mas nadie muere de ahíto; y hay serrano tan maldito que al rezar la letanía, pide a la Virgen María, con grandísimo fervor, que le conceda el favor de morir de apoplejía.

A cualquier forastero, con extraña cortesía, sea de noche, sea de día le quitan luego el sombrero; y si él no trata ligero de tomar otra derrota, le quitan también sin nota estos corteses ladrones la camisa y los calzones hasta dejarlo en pelota.

Andan como las cigarras gritado por estas sierras que son leones en las guerras y lo son sólo en las garras; para hurtar estos panarras con sutileza y con tiento son todos un pensamiento, de suerte que yo he juzgado que en las uñas vinculado tienen el entendimiento.

El que es noble gamonal algún obraje procura y de esta suerte asegura tener en jerga el caudal. Los quiteños, por su mal, entablaron desdichados estos obrajes malvados, pues con esperanzas vanas van al obraje por lanas y se vuelven trasquilados.

Todos estos obrajeros, por interés del vellón, compran ovejas y son ellos gentiles carneros. Tienen bueyes y potreros del caudal para (la) ventaja,** pero, aunque ellos se hacen raja, nunca salen de pobreza, pues vinculan su riqueza en cuernos, lanas y paja.

A todos con gran certeza de frailes les acredito, pues todos en este Quito hacen voto de pobreza; pero el fausto, la grandeza y la gala es incesante, pues aquí, como es constante, se estudia con grande aprieto la comedia de Moreto nombrada "Trampa Adelante".

Cualquier chisme o patarata lo cuentan por novedad y para no hablar verdad tienen gracia gratis data: todo hombre en lo que relata miente o a mentir aspira; mas esto ya no me admira, porque digo siempre: ¡Alerta! Sólo la mentira es cierta y lo demás es mentira.

Mienten con grande desvelo; miente el niño, miente el hombre y, para que más te asombre, aun sabe mentir el cielo; pues vestido de azul velo nos promete mil bonanzas y muy luego, sin tardanzas, junta unas nubes rateras y nos moja muy deveras el buen cielo con sus chanzas.

Llueve y más llueve y a veces el aguacero es eterno, porque aquí dura el invierno solamente trece meses; y así mienten los franceses que andan a Quito situando bajo de la línea, cuando es cierto que está este suelo bajo las ingles del cielo, es decir, siempre meando.

Este es el Quito famoso y te lo digo, jocundo, que es el sobaco del mundo viéndolo tan asqueroso. ¡Feliz tú!, que de dichoso puedes llevarte la palma, pues gozas en dulce calma de ese suelo soberano; y con esto, adiós, hermano. Tu afecto Juan de buen alma.