Spanish poem
Décimas a Guayaquil
by Juan Bautista Aguirre (1742–1823)
Guayaquil, ciudad hermosa de la América guirnalda de tierra bella esmeralda y del mar perla preciosa, cuya costa poderosa abriga tesoro tanto, que con suavísimo encanto entre nácares divisa congelado en gracia y risa lo que el alba vierte en llanto.
Ciudad que por su esplandor, entre las que dora Febo, la mejor del mundo nuevo y hoy del orbe la mejor, abunda en todo primor en toda riqueza abunda pues es mucho más fecunda en ingenios, de manera que, siendo en todo primavera, es en todo sin segunda.
Tribútanle con desvelo entre singulares modos la tierra sus frutos todos, y su influencia el cielo; hasta el mar que con anhelo soberbiamente levanta su cristalina garganta para tragarse esta perla, deponiendo su ira al verla le besa humilde la planta.
Los elementos de intento le miran con tal agrado, que parece se ha formado de todos un elemento; ni en ráfagas brama el viento, ni son fuegos sus calores, ni en agua y tierra hay rigores, y así llega a dominar en tierra, fuego, aire y mar, peces, aves, frutos, flores.
Los rayos que al sol repasan allí sus ardores frustran, pues son luces que la ilustran y no incendios que la abrasan; las lluvias nunca propasan de un rocío que de prisa al terreno fertiliza, y que equivale en su tanto de la aurora al tierno llanto, del alba a la bella risa.
Templados de esta manera calor y fresco entre sí, hacen que florezca allí una eterna primavera; por lo cual si la alta esfera fuera capaz de desvelos, tuviera sin dudas celos de ver que en blasón fecundo abriga en su seno el mundo ese trozo de los cielos.
Tanta hermosura hay en ella que dudo, al ver su primor, si acaso es del cielo flor, si acaso es del mundo estrella; es en fin ciudad tan bella que parece en tal hechizo, que la omnipotencia quiso dar una señal patente de que está en el Occidente el terrenal paraíso.
Esta ciudad primorosa, manantial de gente amable cortés, discreta y afable, advertida e ingeniosa es mi patria venturosa; pero la siempre importuna crueldad de mi fortuna, rompiendo a mi dicha el lazo, me arrebató del regazo de esa mi adorada cuna.