Versos Spanish Alejandro Tapia y Rivera Una limosna

Spanish poem

Una limosna

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Ante la puerta dorada de Doña Inés, gran señora que pasa risueña vida entre primores y joyas, un andrajoso mendigo con faz de hambriento llorosa, llamó pidiendo por Dios una mísera limosna. Asomose a los balcones que sus paredes decoran la doña Inés y al cuitado iba a ahuyentar desdeñosa, cuando vio que ojos testigos de su soberbia, la acosan. Lanzó con desdén al pobre áurea pieza que sonora, llevó al labio del mendigo un ¡ah! de sorpresa loca y sensible a gratitud alzando la faz absorta, vio de la bella el desdén pintado en ojos y boca. De los ojos del mendigo de llanto cayó una gota, como el acíbar amarga, como el pesar dolorosa-. Siguió triste su camino hasta que vio que en carroza espléndida, y de lacayos y pajes en la custodia, sobre cojines preciosos acercábase Eleonora-. Con buen corazón el cielo, cual la más brillante joya, a la bella había dotado, haciéndola aun más valiosa. Al ver, por tanto, al mendigo, con piedad y con zozobra a un galano pajecillo que de servirla blasona, mandó que lo diese al punto caritativa limosna. Y aquel, veloz y obediente, de una riquísima bolsa sacó argentina moneda y al mendicante arrojola-. La beldad, aunque su pecho la humana desdicha toca, tornó la mirada esquiva de la miseria asquerosa-. Por lo visto, este presente la pena angustiada y sorda del mendigo no calmó, pues su lloro no se acorta-. Mas por su bien te halló luego dulce Elvira dadivosa: con el ánimo afligido pero a Dios alzando loa, por el momento felice de hacer bien que te ocasiona-. Intentas darle benéfica el socorro que te implora; mas, ay de ti, que has perdido la caritativa bolsa, y solo queda en tus manos de cobre una pieza sola. Dasla con gozo al mendigo, con ese rostro de aurora, con esos ojos piadosos, que humedece la congoja, con esa dulce sonrisa que trueca la tierra en gloria-. De tu alma conmovida palabras consoladoras brotaron que del mendigo las penas curaron todas. Entonces... de sus pupilas cayó una lágrima sola de esas lágrimas de miel que el cielo amoroso forja.

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Anoche soñé que un ángel os volvía las limosnas que disteis a aquel mendigo, pues Dios devuelve con sobras, y es prestarle dar al pobre y consolar al que llora-. De Doña Inés la ganancia en florada ebúrnea concha, y con primor, se encerraba; yacía la de Eleonora en concha de ébano y nácar, y la tuya, amiga hermosa, en caja sobrado humilde de cobre sencilla y tosca. Abrió Doña Inés la suya con faz altanera y torva, y halló ser su donativo lodo que al asco provoca; una cristalina perla halló la bella Eleonora, en tanto que tú, divina como el alma que atesoras, hallaste en diamante hermoso convertida tu limosna. ¡Ah! manantial de diamantes es tu alma generosa. El amor que tu alma dé debe tener el aroma que a tus dones presta el cielo: el corazón que te adora, ¡ay! de tu amor es mendigo: por Dios, bella, una limosna.