Versos Spanish Alfonsina Storni La muerte de la loba

Spanish poem

La muerte de la loba

by (1892–1938)

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El cuarto estaba a oscuras; una mísera vela Daba su luz pesada como de oro muerto; Cada objeto en la pieza era un fantasma incierto Bajo el pincel sombrío de la pobre candela.

Abierto estaba aún, donde su mejor verso, Sobre la mesa el libro por élla preferido Y una flor que no pudo ser la flor del olvido Yacía en las estrofas como recuerdo terso.

En un vaso temblaba la blancura de un lirio Cansado de sorber el agua amarillenta Y su pobre corola caía macilenta Con una gravedad enferma de martirio.

Por la calle pasaban las ruedas de algún coche Con un pesado andar cargado de agonía Y la lluvia de a poco su llanto diluía Sobre el silencio enorme que fluctuaba en la noche.

¡Oh, la forma del gato tras el cristal sombrío! Un gato negro espiaba con la pupila rubia Y su fosforescencia brillaba entre la lluvia Metiéndose en el alma como un dardo de frío.

La loba en su sillón hechos sombra los ojos Me escrutaba los ojos, hechos sombra también, ¡Oh, la pobre sabía.—Y lo sabía bien— Cómo eran de traidores esos pómulos rojos!

Muy al rato me dijo:—«Mira, estoy tan tranquila Tan tranquila que acaso me comienzo a morir...» Y estaba ¡tan tranquila! que hube de sonreír Para que no leyera su muerte en mi pupila.

Y estaba ¡tan tranquila! que como un pajarito Se durmió para siempre en la noche de frío Acariciando al hijo que en el regazo mío Estaba silencioso... silencioso y quietito.

Se quedó como el libro, cargada de ternezas, Abriendo con su muerte la página final, Una página blanca donde algún lodazal Quiso poner implo el mal de sus tristezas.

Se quedó como el lirio que moría en el vaso... Pálida y espectral, y sus manos perfectas Decían no sé qué de las cosas selectas Con la suave armonía de su lívido raso.

—«¡Mamita! Oye mamita, ¿me comprarás soldados?... Mamita.» —No la llames, se ha dormido mamita— Y una pobre canción con lástima infinita Fluctuó pesadamente en mis llantos ahogados.

De pronto hasta el pabilo se apagó consumido, La noche su sepulcro tendió sobre mi vena Pero seguí cantando la suave cantilena Para que el niño blondo se quedara dormido.

¡Después!... —tantos detalles perdieron ya el color!— Sólo me acuerdo ahora que en mi frente contrita Pasó del pobre huérfano la blanca manecita Tal como si en la llama jugueteara una flor!