Spanish poem
A la flor del chirimoyo
¡Oh flor del trópico ardiente, flor cuyo aroma divino embriaga cual dulce vino que hace delirar la mente: ¿qué importa, di, que no muestres los deslumbrantes colores de tantas altivas flores, brillantes joyas campestres? Si ricos matices Flora rehúsa a tu verde estrella, de las fragancias en ella la más divina atesora. Y a blancas flores y rojas puedes disputar la palma por el aroma que es alma de tus balsámicas hojas. Más perfumas un retrete o vastísimo aposento que de cien flores y ciento espléndido ramillete; y en los ardores del día haces que lejos trascienda como magnífica tienda de varia perfumería. Entre flores decir puedes que el alto lugar disfrutas que merece entre las frutas la que anuncias y precedes; manjar que sólo debía servirse en regio convite y cuyo gusto compite con la celeste ambrosía. Tal vez, en su ardiente seno la beldad te anida, como rico cristalino pomo de esencia fragante lleno. Mis sentidos, flor del cielo, no hartas ni ofendes jamás, y cuanto te aspiro más, aún más aspirarte anhelo. Y juzgo, cuando te siento, que en ti la Diosa de amor guardó la más pura flor de su celestial aliento.
(1866)