Spanish poem
A Lima
La clara luna su fulgor dilata en cielo de purísimo zafir, y en rico manto de luciente plata parece, oh Lima, tu beldad vestir. Mas en vano te llama y te convida de tan bello espectáculo a gozar el astro en cuyas luces sumergida toda te miro, como en claro mar. Silenciosas tus calles y desiertas, cuando aún las horas del bullicio son, de tus hogares las cerradas puertas guardan a tu medrosa población. En vasto cementerio, de repente, del día con el último fulgor, te cambias, a las leyes obediente de tu salvaje déspota señor. Que este tu clima voluptuoso y muelle muelles tus hijos engendró también: hijos que sufren que insolente huelle salvaje planta su cobarde sien. Sumisa a los antojos de tu dueño, hunde entre holandas la dormida faz, y de la afrenta y la ignominia el sueño duerme, oh sultana, en regalada paz. De un hijo tuyo el despotismo fiero acostumbrando tu indolencia está a que sirvas mañana al extranjero, que en esperanza te posee ya. Y pues son para ti sagradas leyes los caprichos de un déspota poder, si la ciudad ya fuiste de los Reyes, pronto de reyes volverás a ser.
(1865)