Spanish poem
Al sol
(Del diario de un viajero americano)
Y así con voz doliente interrogaba al ojo de los cielos el mísero viajero de Occidente: dime si miras desventura extrema en tantos astros, como aquí, reinar, si envuelve el Infortunio tu sistema y erige en todos su sangriento altar. Di, eterno viajador del firmamento, del universo fúlgido reló, si siglos solo de inmortal tormento a tantos mundos tu fulgor midió; si de sus moradores unos gimen, y otros hacen gemir, gimiendo al par, y si planetas de dolor y crimen son, como aquel que nos tocó habitar. Si padecen sus pueblos férreo yugo, y si coronas y tiranos hay, y se mezcla la risa del verdugo de víctima inocente con el ay. Si, cual la tierra, helada en doble zona, y abrasada en el tórrido Ecuador, así el hielo los calza y los corona, y los faja candente ceñidor; si juntan mar y cielo tempestades, y si el suelo en sonante retemblar veloz traga magníficas ciudades, cual flotas sorbe el borrascoso mar: ¿De las Dolencias la infinita hueste allí se ensaña en el mortal también? ¿Súbita se alza ponzoñosa Peste, víctimas devorando cien a cien? ¿Allá también engendra la Amargura de las Dolencias todas la mayor, la eterna bëodez de la Locura, de espectros llena y de perpetuo horror? Dime si, cual la mísera terrena, a vil trabajo y a constante afán cada estirpe infeliz allí condena el crimen de otra Eva y de otro Adán; Si, del paterno crimen inocente, proscripta vive de otro dulce Edén, y, para más gemir su mal presente, guarda el recuerdo del perdido bien; si al mortal, en la culpa concebido, le da a luz con dolores la mujer, y su primera voz es un gemido, y apenas nace empieza a padecer; si el aliento voraz de las pasiones la vida agosta y la consume en flor, y si roe también los corazones tedio no menos grave que el dolor; si allá la mente, de verdad desnuda, en todo sombras y misterios ve, y en cada aurora sus creencias muda, llorando en vano su extinguida fe. Si, en vez de unirse allí los moradores contra el destino bárbaro común, con sus odios, y guerras, y rencores hacen más fiera su desdicha aún: dime si allá el vivir yace sujeto a la oprobiosa edad de la vejez, donde al hombre infeliz, vivo esqueleto abruman tantos males a la vez. Dime si allá también quiso la Suerte que, tras vida tan mísera y rüin, de las desgracias la mayor, la muerte, fuera de tantas desventuras fin. Quizá los astros todos de la fiera, ley del dolor y mal esclavos son, ni más tirana y necesaria impera la ley universal de la atracción. Mas, si tan sólo lágrimas y afanes alumbra en todos tu divina luz, y ves la altiva planta de Arimanes hollar el cuello del vencido Ormuz; si en rostro y forma y lo demás diverso de todos, y del nuestro terrenal, cada linaje, oh Sol, de tu universo es en gemir y en padecer igual: ¿Por qué de alegre luz haces alarde? ¡Ah! no insultes del mundo la aflicción, y alumbre triste amarillenta tarde a la desventurada creación. O, extinguidos tus rayos, de profunda noche eterna en el seno encubridor el universo silencioso se hunda, y estén juntos tinieblas y dolor.
(1862)