Versos Spanish Clemente Althaus Al sol

Spanish poem

Al sol

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Glorioso te proclaman las auroras cuando naces, cual vástago imperial y enciendes con tus luces y coloras el dilatado pórtico oriental. Huye la fría lóbrega tiniebla, huye el sueño tu alegre rosicler, y el orbe todo de rumor se puebla de luz y de colores por do quier. Te ensalzan los ardientes mediodías, cuando desde el cenit abrasador sobre la tierra fatigada envías mares de luz y de insufrible ardor. Y te enaltecen las purpúreas tardes cuyo rostro coloras de carmín, cuando del cielo como el rey aún ardes, y es el de un dios tu esplendoroso fin. Y aun las noches, calladas pregoneras de tu grandeza y de tu gloria son, que el brillo de sus pálidas lumbreras es de tu ausencia generoso don. Mueren a tu glorioso nacimiento, náufragas en el mar de tu fulgor; y en el vasto desierto firmamento dominas, solitario emperador. Sólo reinar sin compañía alguna a tu inmensa grandeza le está bien, desdeñando el cortejo que a la luna forman claras estrellas cien y cien. Ni de luciente corte necesitas, que, solo, al día más fulgores das que, juntas, sus estrellas infinitas dan a la noche que se enciende más. ¿Qué mucho, si tan bello y tan fulgente y tan fecundo y bienhechor te ve, que dios te juzgue la sencilla gente que el sol no alumbra de celeste fe? Y esta región que sobre todas amas y en quien viertes tus dones sin cesar, ¿Qué mucho fue que a tus divinas llamas en áureo templo consagrase altar? Todo süave fruto le sazona y toda mies lo enrubia tu calor, y por ti a su magnífica corona ni hermosa falta ni fragante flor. No más puro zafir cobija al hombre, ni en más verde jardín estampa el pie: ella entre todas mereció tu nombre, y tuyo el nombre de sus hijos fue. ¡Cuántos siglos tu luz la contemplaba ser del Sur la triunfante emperatriz! Mas la viste después vencida esclava a quien hollaba Iberia, la cerviz. Y de su redención fuiste testigo; mas ¡ay! de bien tan único a pesar, la viste insana combatir consigo, y sus propias entrañas desgarrar: imprimiendo, alentado, a su bandera el mismo crudo y bárbaro opresor el torpe ultraje de que el mundo espera el sangriento, castigo vengador.

(1865)