Versos Spanish Clemente Althaus Delante del cuadro de Rafael Sancio

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Delante del cuadro de Rafael Sancio

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¡Al fin te miro, oh del divino Sancio cuadro sublime, ni al Tabor segundo, Pasmo, no de Sicilia, mas del mundo; donde rendido al humanal cansancio, se ve doblar en tierra la rodilla al Dios de quien espántase el profundo y a quien la suya el querubín humilla! ¡Ved al peso doblarse del madero al que sustenta el universo entero: asida o dura piedra la sagrada y creadora diestra omnipotente que sacó las estrellas de la nada: de espina punzadora ved coronada la divina frente que a los cielos suspensos enamora! Allí la amante madre congojada, Por Juan y Magdalena sostenida, Con sus brazos abiertos le convida Y le envía ternísima mirada: ¿Qué corazón tan duro no se apiada y se derrite en llanto al ver, oh madre, tan atroz quebranto? Esta es aquella dolorosa espada que a tu materno pecho el inspirado Simëón predijo: este el tormento insano que acibaró a tu amor desde temprano la gloria de ser madre de tal hijo. Mas no miro, oh Jesús, dolor terreno en tu rostro sereno; y claro muestra tu mirar divino que si las agrias postrimeras heces del hondo cáliz del dolor apuras, voluntario padeces, y que eres aquel Dios que al mundo vino a salvar a sus tristes criaturas. Mas tú, ¿cómo pudiste, ángel de Urbino, copiar así el semblante, fiel traslado, vivo espejo del Padre enamorado? solo tu alma podría de un Dios interpretarnos la agonía; y como si, doliente pío testigo entre la cruda gente, el sublime holocausto hubieras visto, nos representas el dolor de Cristo. Do quier se mira respirar la escena, de tanta vida y movimiento llena, que hasta parece a quien, al ver tan rara verdad, se indigna y se estremece y llora, que la memoria fiel la retratara y no la fantasía creadora. Ni grito o voces a los labios pido, que en cada rostro da tu viva tabla más la expresión a las miradas habla que hablaran las palabras al oído.

(1850)