Spanish poem
En la agonía de J. M. H
Todo te cubre de la muerte el hielo: vanos ya los esfuerzos son del arte de médicos humanos, y salvarte sólo pudiera el Médico del cielo. Conozco en el instante de perderte, cuánto a ti estaba mi existencia unida, y el amor que durmiendo estaba en vida se despierta ardoroso con tu muerte. Pronto, rotas del cuerpo las lazadas, y libre de lo vano y aparente, cuanto hoy ignoras brillará patente de tu alma a las clarísimas miradas. Y contemplando sin disfraz la mía, verás de culpas y flaquezas llena esa alma que tan pura y noble y buena imaginabas con error un día. Y el amor y alta estima y el respeto que me profesas y en tu error se funda se trocarán en compasión profunda, cuando penetres mi fatal secreto. A Aquel entonces que las almas sana ruega que pio sane mi alma enferma, porque, cuando en la tumba el cuerpo duerma, vuele aquella a la gloria soberana; y que no sean en mi daño eternos estos tristes adioses que te digo, sino que allá en el cielo, dulce amigo, ledos volvamos algún día a vernos.
(1865)