Spanish poem
En la profesión
¿Y de padres y hermanos te alejas, y adiós dices por siempre a la vida? ¿Y tus tiernos abriles convida a sus goces en vano el amor? ¿Y renuncias al fausto y riqueza que adornaron, oh virgen, tu cuna y a los bienes que brinda fortuna ni una lágrima da tu dolor? La ardua vía te muestra la hermana que ya guardan las santas paredes. Tú, que a su alto heroísmo no cedes, fuerte cargas tan áspera cruz: quiso haceros el rey de los cielos como en sangre en virtudes hermanas, y al desprecio de dichas mundanas os dio presto clarísima luz. ¿No te arredra el tristísimo llanto que derrama tu madre afligida, ni la tierna postrer despedida que tu amante familia te da? ¿No el oír, tras tus pasos cerrada, resonar hondamente la puerta de tu sacra prisión, que ni abierta a tu helado cadáver será? Di ¿no sientes al ronco sonido toda tu alma ocupar temblorosa el horror que al cerrarse su fosa, siente viva enterrada vestal?... No, que nada tu pecho conturba, ni te arredras, oh virgen, de nada, bien juzgando con clara mirada lo que juzgan los hombres un mal. ¡Ah! ¡cuán dulce y gloriosa es la suerte a que te alza la gracia divina! No la mente más gloria imagina que logró tu feliz vocación: si himeneos humanos esquivas, otro logras más alto y glorioso; que es Dios mismo tu amante, tu esposo, y testigos los ángeles son. En los altos palacios del cielo pulsar oigo las harpas de oro al ardiente seráfico coro, inflamado en más vivo placer: y con voz cuya inmensa dulzura no adivina el humano deseo, solemniza el feliz himeneo entre Dios y una humilde mujer. Hoy se digna con nudos eternos enlazarse ¡oh portento! a su sierva el que cielos y tierra conserva con su eterna mirífica ley. Un Señor de inefable grandeza a mortal himeneo se allana, cual se uniera a una pobre aldeana poderoso magnífico rey. El nupcial juramento resuena, ya te liga perpetua lazada: ¡ah! no vuelvas jamás la mirada al vil mundo que dejas atrás: ¡Mundo vano, traidor, engañoso, precipicio cubierto de flores, nos prometes eternos amores, y placeres de un día nos das! Dar humanos amores al alma es dar sólo una mísera gota a profunda vasija que, rota, no llenarán las ondas del mar: lo creado este abismo no colma; y esta sed tan tenaz e infinita todo un Dios, todo un Dios necesita, y Dios sólo la puede apagar. El amor de terrenos esposos ve nacer y morir breve día, y su fuego se cansa y enfría, y se muda en amargo desdén: mas del célico esposo las llamas se conservan por siempre ardorosas, y jamás sus amantes esposas desdeñoso o ingrato le ven. Cruda hiriendo tu cándido pecho, a su pie los sagrados altares, que tus lágrimas rieguen a mares, noche día te escuchen orar: en tu echo durísimo el sueño breves horas cobije tu frente, ni te dé tu virtud penitente sino tosco y escaso manjar. No por ti, tierna virgen sencilla, darte debes tan crudo martirio: no por ti, que eres cándido lirio, trasparente cristal, no por ti; mas ofrece al Señor tus dolores tu oración, penitencia y gemidos, por los tristes mundanos perdidos, por tu patria doliente... por mí.
(1865)