Spanish poem
Visita al cementerio
¡Oh ciudad silenciosa de los muertos! En ti se apaga el huracán humano, cual muere al pie de las tranquilos puertos el estruendo y furor del océano. Tú el sólo asilo de los hombres eres donde olviden del hado los rigores, sus ansias, sus dolores, sus placeres que no son en rigor sino dolores. Parece que me invitas a que vaya en ti a librarme de este mar tan fiero, cual a su abrigo la segura playa convida al fatigado marinero. ¡Hay en ti tanta paz, tanto sosiego, del otro mundo misteriosa orilla! ¡Y es tan turbado el mar en que navego, y tan frágil y rota mi barquilla! Tantos a ti me ligan dulces lazos, que no me juzgo a tu mansión ajeno: ¡Ah! ¡de mi corazón cuántos pedazos están ya sepultados en tu seno! ¡Oh cementerio! ¡Cuántos de los míos son ya de tu recinto pobladores! ¡Cuántos me piden a sus restos fríos justa ofrenda de lágrimas o flores! Aquí estás, dulce padre idolatrado, de mi vida perenne pensamiento, cuyo fin, de los tuyos apartado, ¡Ay! ¡tan presto siguió a mi nacimiento! Tú cuyo elogio universal, sincero excusa la inmodestia al filial labio de enaltecer tu triunfador acero y el lauro darte que corona al sabio: por ti el nacer maldigo, por ti anhelo tal vez la cruda pavorosa muerte, para irte a conocer allá en el cielo, pues no pude en la tierra conocerte. Aquí estás, noble Pío, en quien el nombre presagio fue de tu piedad divina: ¡y tú, digna consorte de tal hombre, adorable dulcísima Joaquina! Y Plácido, y Victoria y Margarita!... ¡Ah! ¡quién la parte numerar pudiera de la familia, que el sepulcro habita y que a la viva en el sepulcro espera! Aquí también reposa tu ceniza, tú cuya muerte desde playa ajena sólo pude llorar, oh mi nodriza, mi pobre inolvidable Magdalena! ¡Caros difuntos! Cuando gimo el lado de vuestras tumbas, la esperanza siento de que se anime vuestro polvo helado, de que escuchéis mi dolorido acento. Y aún me parece que a mi atento oído llega un son melancólico y profundo, suspiro que, en respuesta a mi gemido, me enviáis vosotros desde el otro mundo. Y entonces, caros seres, desearía, diciendo adiós al mundo tempestuoso, quedarme en vuestra dulce compañía, gozar vuestro dulcísimo reposo. Y en el silencio de la noche oscura, escuchar por el vasto cementerio la voz de los difuntos que murmura de la vida y la muerte el gran misterio.
(1869)